Gente sana, buena, linda, soñadora, trabajadora.
Un video que da cuenta de ello.
Qué bonito
Julia
Gente sana, buena, linda, soñadora, trabajadora.
Un video que da cuenta de ello.
Qué bonito
Julia
NICARAGUA:
Siempre que recuerdo la historia del novelista húngaro Sandor Marais, me parece acercar los pies al abismo. El gobierno estalinista de su patria prohibió la circulación de sus libros, y tampoco pudo ya publicar nada ni en los periódicos ni en las revistas, lo que significaba cortarle de un tajo certero la lengua, y dejarlo mudo. Mudo y en el vacío, escribiendo para sí mismo, en la soledad, sin que sus palabras pudieran alcanzar ningún eco, además de que se encontraba ya encerrado dentro de su propio idioma, el húngaro, que nadie entendía más allá de las fronteras, un doble círculo de asilamiento, una doble reja. Entonces se fue al exilio, y sus libros, hoy traducidos a todos los idiomas y admirados universalmente, no se conocieron sino después de su trágica muerte en Estados Unidos.
He pensado otra vez en el infortunio de Sandor Marais, ahora que el Gobierno de Nicaragua ha prohibido un prólogo mío a una antología de Carlos Martínez Rivas, el gran poeta nicaragüense tan desconocido, muerto hace diez años, que el diario El País de Madrid iba a publicar en un libro de edición masiva como parte de la serie de antologías de poetas hispanoamericanos que dirige José Manuel Caballero Bonald. Esta prohibición, que se basa en el hecho de que el Gobierno de Nicaragua alega ser dueño de los derechos de autor de Martínez Rivas, fue rechazada tanto por El País como por Caballero Bonald, quien ha calificado el veto como un acto de venganza política. Por tanto, el libro ya no será publicado.
Cuando Juan Cruz, periodista de El País, me enteró del caso en Guadalajara, donde yo asistía a la Feria Internacional del Libro para presentar mi última novela, El cielo llora por mí, sentí que mis pies rondaban el abismo de Sandor Marais. No importa el tamaño o la majestad del estalinismo. Puede ser un estalinismo de bolsillo, o un estalinismo tropical, o folclórico, en el que abundan los altares enflorados y los hechiceros de feria; pero si se trata de prohibir que la obra de un escritor se lea, las consecuencias son las mismas, y yo siento la lengua muy cerca del cuchillo que quiere cortármela.
Cuando Juan Cruz me pidió mi reacción, en lugar de responderle verbalmente preferí escribirle en una tarjeta lo que sentía, como quien satisface la necesidad de dejar constancia. Sentía, y siento, que la prohibición de que mi prólogo se publicara no era más que un comienzo, y que pronto, es una probabilidad cierta, se prohibiría también la circulación de mis libros en Nicaragua. ¿Debo esperar otra cosa?
Porque no se trata de un acto burocrático aislado, decidido por unos funcionarios de segunda, sino parte de toda una concepción del ejercicio del poder presidencial que no deja resquicios de disidencia, y que no admite crítica de ninguna especie, porque la tolerancia no es parte de los valores que inspiran sus actos. A quienes protestan en las calles porque reclaman frente al fraude electoral practicado con todo descaro en las elecciones del pasado 9 de noviembre, se les reprime por medio de turbas armadas de palos y de piedras; a quienes se pronuncian en contra de los actos a veces impredecibles, y a veces no, del comandante Ortega y de su esposa, se les cubre de injurias y calumnias en los medios oficiales, lodo, escupitajos verbales, huevos podridos. A los que escribimos, se nos reprime con el silencio.
Pero no se trata solamente de mí, porque no soy el primero, y desgraciadamente no seré el último. A Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, que crearon la música de la revolución, se les niega los derechos de autor sobre sus canciones, bajo el alegato estalinista, desaforado, de que esas canciones quien las compuso es el pueblo, y ellos sólo fueron intermediarios, o amanuenses, de la inspiración popular. A Ernesto Cardenal, el poeta nicaragüense vivo más importante de Nicaragua, lo condenaron como culpable de injurias y calumnias en un juicio impostado. A Gioconda Belli, que acaba de recibir el premio Sor Juana Inés de la Cruz en la Feria del Libro de Guadalajara, la enlodan todos los días con diatribas soeces que parecen brotar de manera interminable de un albañal rebalsado. Al periodista Carlos Fernando Chamorro, que denuncia con firmeza en su programa de televisión los actos de corrupción amparados en el poder, le echaron encima a unos fiscales que descerrajaron las puertas de sus oficinas, las tomaron por asalto, y se llevaron secuestrados archivadores y computadoras, y no terminan de decidir qué clase de delitos van a inventarle para someterlo a juicio.
Triste amenaza la de cortarle la lengua a un escritor, en un país de escritores, donde siempre ha reinado con majestad la poesía. Y al querer cortarme la lengua a mí, se la cortan de paso a Carlos Martínez Rivas, que iba a ser conocido, por fin, por miles de miles de lectores en España.
No es sólo mi voz, ni mi lengua, ni son sólo mis libros, sin embargo, es la voz y la lengua del país la que está en juego. Está en juego si Nicaragua será en adelante un país silencioso, de ciudadanos sometidos al miedo, o si será un país democrático, donde todo el mundo pueda expresarse, decir lo que quiere, en público y en privado, escribir sin miedo, salir a las calles a protestar sin temor a palos y pedradas. Un país donde el voto de los ciudadanos sea contado con transparencia, o un país donde la regla sean los fraudes electorales.
“Ningún gobierno puede arrogarse la potestad de vetar o prohibir la palabra de un escritor, y un acto semejante no puede calificarse sino de totalitario”, dice el manifiesto encabezado con las firmas de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Fernando Savater, Tomás Eloy Martínez y Juan Gelman. Y librarnos del totalitarismo sólo será posible defendiendo la lengua del filo del cuchillo.
Voy a defender mi palabra con las palabras. La mía, y la palabra de los demás.
Fuente: Diario la Prensa, Managua. Nicaragua
PROTESTA ANTE UN ACTO DE CENSURA OFICIAL
El diario El País de Madrid ha iniciado la publicación de una serie de antologías de los más renombrados poetas hispanoamericanos, bajo la dirección de José Manuel Caballero Bonald. Entre los poetas escogidos para tener un libro en esta serie, se hallaba el nicaragüense Carlos Martínez Rivas (1924-1998), y el prólogo correspondiente fue encargado a su compatriota Sergio Ramírez.
El gobierno de Nicaragua, que reclama ser dueño de los derechos de autor del poeta fallecido, ha vetado a Sergio Ramírez como prologuista, condicionando la autorización de la publicación de la obra a que sea sustituido. Tanto el diario El País, como el propio Caballero Bonald, han rechazado esta pretensión, y en consecuencia la antología de Martínez Rivas ha sido retirada de la serie, con lo que su espléndida poesía es impedida, por causa de una acción arbitraria, de llegar a decenas de miles de lectores.
Los participantes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que firmamos este pronunciamiento, denunciamos este inaudito acto de censura oficial al escritor Sergio Ramírez, que de paso lo es a la obra de Carlos Martínez Rivas, y lo condenamos con toda energía. Ningún gobierno puede arrogarse la potestad de vetar o prohibir la palabra de un escritor, y un acto semejante no puede calificarse sino de totalitario.
Invitamos a otros escritores, intelectuales, artistas, periodistas y editores, a sumarse a este pronunciamiento.
Guadalajara, diciembre de 2008.
Colaboración de Ricardo Bada
(Los nombres aparecen en el orden en que las adhesiones se han sumado)
Gabriel García Márquez (escritor, Colombia)
Carlos Fuentes (escritor, México)
Fernando Savater (filósofo, España)
Juan Gelman (poeta, Uruguay)
Gonzalo Celorio (escritor, México)
Tomás Eloy Martínez (escritor, Argentina)
Carlos Monsivais (escritor, México)
Joaquín Sabina (cantautor, España)
Ángeles Mastreta (escritora, México)
Basilio Baltasar (escritor, España)
Antonio Skarmeta (escritor, Chile)
Luis Yánez (eurodiputado socialista, España)
Héctor Aguilar Camín (escritor, México)
Luisa Valenzuela (escritora, Argentina)
Eliseo Alberto (escritor, Cuba)
Adolfo Castañón (escritor, México)
Julio Ortega (Universidad de Brown; crítico literario, Perú)
Rosa Regás (escritora, España)
Marco Antonio Campos (poeta, México)
Ariel Dorfman (Universidad de Duke; Chile)
Santiago Roncagliolo (escritor, Perú)
Margot Glantz (escritora, México)
Jorge Volpi (escritor, México)
Sealtiel Alatriste (escritor, México)
Francisco Goldberg (escritor, Guatemala/Estados Unidos)
Hernán Lara Zavala (escritor, México)
Héctor Abad Faciolince (escritor, Colombia)
Alberto Ruy-Sánchez (escritor, México)
Natalio Botana (periodista, Argentina)
Carlos Franz (escritor, Chile)
Rogelio García Lupo (periodista Argentina)
Hermenegildo Sabat (periodista, Uruguay)
Rosa Conde (socióloga, España)
Alma Guillermo Pietro (periodista, México)
Nuria Amat (escritora, España)
Marcelo Uribe (escritor, México)
Luis García Montero (escritor, España)
Carmen Boullosa (escritora, México)
Carla Guelfenbein (escritora, Chile)
José Miguel Oviedo (crítico literario, Perú)
José Claudio Escribano (periodista, Argentina)
Juan Gabriel Vásquez (escritor, Colombia)
Xavier Velasco (escritor, México)
Almudena Grandes (novelista, España)
Arturo Lafontaine (escritor, Chile)
Horacio Castellanos Moya (escritor, El Salvador)
Carlos Wynter (escritor, Panamá)
Luis Rafael Sánchez (escritor, Puerto Rico)
Gioconda Belli (escritora, Nicaragua)
Ignacio Solares (escritor, México)
Edgardo Rodríguez Juliá (escritor, Puerto Rico)
Rafael Rojas (escritor, Cuba)
William Ospina (escritor, Colombia)
Héctor Feliciano (escritor, Puerto Rico)
Gumersindo Lafuente (periodista, España)
Samuel Rovinski (escritor, Costa Rica)
Rosental Calmon Alves (periodista, Brasil)
Ricardo Corredor (periodista, Colombia)
Vittorio Colombo (académico, Italia)
José Carlos Rovira (escritor, España)
Arturo Echavarría (crítico literario, Puerto Rico)
Sergio Michilini (pintor, Italia)
Noé Jitrik (escritor, Argentina)
Seymour Menton (Universidad de California, Irving; Estados Unidos)
Mayra Santos (escritora, Puerto Rico)
Jens Lohmann (Presidente del Pen Dinamarca)
Benjamín Prado (escritor, España)
Abraham Nuncio (escritor, México)
Arcadio Diaz Quiñónez (Princeton University; Puerto Rico)
Daniel Riera (periodista, Argentina)
Alba Scar (Western Connecticut State University, Estados Unidos)
Antonio López Ortega (periodista, Venezuela)
Sheila Candelario (Fairfield University; Puerto Rico)
Francisco Solares Larrave (Universidad de Illinois; Guatemala)
Javier Campos (Universidad de Fairfield; Chile)
P. Ángel Darío Carrero (escritor, Puerto Rico)
Carlos Meneses (escritor, Perú)
Hermann Schulz (editor, Alemania)
Arturo Arias (escritor, Guatemala)
Luce López-Baralt (Puerto Rico)
Francis Pisani (periodista, Francia)
Victoria De Stefano (escritora, Venezuela)
Cristina Peri Rossi (escritora, Uruguay)
Mercedes López-Baralty (crítica literaria, Puerto Rico)
Clara Sánchez (escritora, España)
Antonio Melis (escritor, Italia)
Luis Marcelino Gómez (Universidad de North Caroline; Cuba)
Agata Orzeszek Sujak (traductora, Polonia)
Alexis Márquez (escritor, Venezuela)
Fernando Valverde (poeta, España)
Alicia Borinsky (Universidad de Boston; Argentina)
Miguel Ángel Herrera (crítico literario, Costa Rica)
Edmundo Paz Soldán (novelista, Bolivia)
Gloria Guardia de Alfaro (Vice Presidenta Pen Internacional; Panamá)
Edda Armas (Presidenta del Pen Venezuela)
Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada (España)
Román Piña Vals (escritor, España)
Hortensia Campanella (escritora, Uruguay)
María Lourdes Cortés (cineasta, Cinergia, Costa Rica)
Daniel Rodríguez Moya (poeta, España)
Raquel Huerta Nava (poeta, México)
Freddy Lepage Scribani (periodista, Venezuela)
Julio Mendivil (musicólogo, Universidad de Colonia; Perú)
Emilio Figueredo (periodista, Venezuela)
Francisco Pérez de Antón (escritor, Guatemala)
Luis Beiro (periodista, República Dominicana)
Miguel Ríos (cantante, España)
Milena Rosales (poeta, España)
Carlos Cortés (novelista, Costa Rica)
José Carlos Rosales (poeta, España)
Jorge F. Hernández (poeta, México).
Miguel Huezo Mixco (escritor y editor, El Salvador)
Mecker G. Möller (Universidad de Nebraska; Estados Unidos).
Carlos Armando Figueredo (periodista, Venezuela)
Ricardo Silva Romero (escritor, Colombia)
Daniel Centeno (escritor, Venezuela)
Jaime Ordóñez (sociólogo, Costa Rica)
Nathalie Besse (investigadora literaria (Francia)
Erick Rivera (periodista, El Salvador)
Cecilia Palma Jara (escritora, Chile)
Roberto Díaz Castillo (escritor, Guatemala)
Ana Gabriel (escritora, México)
Ione Carvahlo (activista cultural, Brasil)
Juan Cameron (poeta, Chile)
Leda García (poeta, Costa Rica)
Winston Manrique Sandoval (periodista cultural, España)
Juan Carlos Gómez Recinos, escritor, (México)
Manuel Castro Rodríguez (periodista, Panamá)
David Unger (City College, Nueva York)
Francisco Javier Sancho Mas (escritor, España)
Soledad Altamirano Murillo (poeta, Honduras)
Ricardo Alfaro (jurista, Panamá)
Ruth Toledano (periodista, España)
Francesc Puértolas (escritor, España)
Roberto Lovera De-Sola (critico literario, Venezuela)
Jacinta Escudos (escritora, El Salvador)
Gisela Kozak (escritora, Venezuela)
Ilca López (cantante lírica, Puerto Rico)
Juan Antonio Medina (Universidad Pedagógica, Honduras).
Raúl Figueroa Sarti (escritor, Guatemala).
Luis Cárcamo Huechante (Universidad de Harvard; Perú)
Erick Nepomuceno (escritor, Brasil)
June Erlick (Universidad de Harvard; Estados Unidos)
Sylvia Molloy (Universidad de Nueva York; Argentina)
José Javier Villarreal (poeta, México)
Guillermo Jaim Etcheverry (académico, Argentina)
Lucrecia Méndez de Penedo (escritora, Guatemala)
Marisol Palés (editora, España)
Roberto Cohen (escritor, Estados Unidos)
Thelma Nava (poeta, México)
Peter Hattink (periodista, Bélgica)
Oscar Castillo Rojas (editor, Costa Rica)
Saúl Sosnowski (Universidad de Maryland; Argentina)
José Zepeda (periodista, Holanda)
Rafael Cadenas (escritor, Venezuela)
Anabella Giracca (escritora, Guatemala)
Minerva Villarreal (poeta, México)
Rafael Ángel Herra (filósofo Costa Rica)
Daniel Santoro (periodista, Argentina)
Iosu Perales (periodista, España)
Julieta Dobles (escritora, Costa Rica)
Jaime Francisco Barba (escritor, El Salvador
Oscar Castillo (cineasta, Costa Rica)
Héctor Perea (escritor, México)
Francisco Alarcón (poeta, Venezuela)
Ricardo Bada (escritor, España/Alemania)
Julia Ardón ( comunicadora, fotógrafa, Costa Rica)
COSTA RICA
¡Colonialistas! Si si: colonialistas, fue como nos llamó la historiadora y actual diputada Elizabeth Fonseca, al tratar de analizar la situación laboral de las empleadas domésticas en Costa Rica. Luego de 500 años, habría que preguntarse qué fue lo que nos quiso decir la señora diputada. Como bien sabemos, los historiadores tienen esa manía de poner todo en contexto: las circunstancias y sus personajes. Es decir, pareciera que no existen para estos profesionales de las Ciencias Sociales: textos sin contextos. Al analizar la situación laboral en que se encuentran 70.000 adultas y 60.000 adolescentes, un 95% de ellas mujeres, la diputada Fonseca Corrales, premio nacional Aquileo J. Echeverría, hizo lo que corresponde: poner en contexto el fenómeno. En un contexto más amplio: el del continuum de nuestra historia patria. El paralelismo emerge porque luego de 500 años, este grupo numeroso de trabajadoras, aún se encuentra en situación de desigualdad y desventaja frente al resto de trabajadores.
El gremio de trabajadoras domésticas soporta circunstancias similares a las que vivía la servidumbre durante los casi dos siglos y medio que duró el período colonial. Recordemos que la “encomienda de servicios” o lo que es lo mismo la servidumbre, fue una de las formas más oprobiosas, sino la más, de la estructura productiva del periodo colonial.
Semejante resabio colonial tiene su origen en la dicotomía que establece una relación entre trabajo remunerado y trabajo no remunerado. O, lo que es lo mismo, una relación entre lo que se ha dado en conocer como: formas laborales públicas y privadas –formas de la economía públicas y privadas. Ambas han sido etiquetadas, la una como perteneciente a la esfera de “la economía” y, la otra, como propia de la esfera de “la familia”. La primera es percibida como el lugar donde se “trabaja”, mientras que la segunda, como el lugar donde no se trabaja. De acuerdo con la doctora Jacqueline Goodnow, debemos reconocer –-como en otras partes del mundo—la arbitrariedad que lleva implícita semejante dicotomía. Para la doctora Goodnow, definir el trabajo solamente en términos de “trabajo” versus ”no trabajo” es estrecho, limitado y, por tal, obedece a una visión simplista del fenómeno. Máxime cuando al trabajo en la esfera privada: la familia, se le asocia con “ocio” o, como una actividad de los ratos perdidos. Dichas asunciones son parte de la segregación por sexo de la fuerza laboral de un país. El trabajo doméstico visto así no merece ser reconocido como un trabajo más con sus obligaciones y derechos. Derecho a jornada digna. Derecho a días libres. Derecho al respeto frente a patronos y patronas, entre otros derechos.
Unos días después, en otro foro, la diputada Fonseca Corrales nos contó una anécdota relacionada con su experiencia académica internacional. Mientras supervisaba tesis de maestría y doctorado en el Instituto de Romanística, de la Universidad de Bergen, y al preguntarle a un estudiante cuál era el tema para su tesis, el joven contestó que quería estudiar “la explotación del servicio doméstico en Costa Rica”. ¡Vaya situación debió de haber sido esa! A veces enterarnos de cómo nos perciben “los otros” desde afuera puede contribuir a que caigamos en la cuenta. No es fácil oír que nos digan, desde afuera, que en nuestro país se violan los Derechos Humanos básicos de un sector de la colectividad de trabajadoras. Debemos entender, por ello, el contexto socio-histórico en el que se mueve el estudiante de maestría en Noruega, pues en Noruega, el primer país en desarrollo humano del mundo, no existe el trabajo doméstico. Es tal el oprobio, que ha sido relegado para no ser retomado. Ni siquiera por la población migrante.
Heidi Venegas
Asesora parlamentaria Partido Acción Ciudadana
En la foto, Hotel de la Cadena Riu en Aruba
Acostado en una covacha insalubre y maloliente, el pasado 13 de noviembre falleció el peón nicaragüense Rafael Antonio Pérez Sánchez, quien trabajaba en la construcción de lo que será un lujoso Hotel Riu, de capital español, en Matapalo de Sardinal, Guanacaste.
De acuerdo con las crónicas periodísticas, el trabajador murió tras cuatro días sin comer y con vómito. Laura Malone, vocera de prensa en España de la cadena hotelera Riu, dijo que la compañía no hará comentarios sobre este tema. Imagínese, ¿qué van a decir?
Rafael pudo haber sido mi hermano o el suyo. Pero parece, que a nadie le importa. Parece que este trabajador, quien seguramente se vino a la “Suiza Centroamericana” en busca de una vida mejor para él y su familia, murió, más que por suciedad y pésimas condiciones de vida, por indiferencia.
Rafael murió por la indiferencia de todos nosotros, a quienes no parece importarnos en lo que se está convirtiendo la otrora “equitativa” sociedad costarricense.
El Hotel Riu es un lujoso proyecto de 700 habitaciones en Matapalo, Guanacaste. Las empresas constructoras que lo levantan tenían empleados, en agosto pasado, a 368 peones nicaragüenses sin el permiso de trabajo correspondiente.
Son peones que viven en la miseria para construir riqueza. Seres humanos que viven en condiciones insalubres para crear paisajes de ensueño y canchas de golf para los más afortunados.
Las empresas constructoras son : S. F. Costa Rica Hotelera de Guanacaste, Constructora de la Costa Pacífica, Ingeniería y Construcción ICON y la Constructora de Matapalo DCR, según reveló una inspección realizada por la oficina de Migraciones Laborales del Ministerio de Trabajo.
Aunque usted no lo crea, este problema de los operarios sin permiso de trabajo ya había sido detectado por el Ministerio de Trabajo desde el 28 de mayo de este año.
Luego, en julio, agosto y octubre hubo nuevas visitas al megaproyecto y de nuevo se detectaron obreros sin permisos migratorios, así como hacinamiento y falta de ventilación en las covachas de los peones.
El 20 de octubre, Migraciones Laborales elevó el caso a la oficina de la región Chorotega para que presentara “la acusación formal ante tribunales de justicia”.
Sin embargo, la denuncia por hacinamiento, falta de ventilación e irregularidades migratorias no ha sido presentada en tribunales porque según declaró al diario La Nación el jefe regional, Hirlander Rojas, “la oficina ha tenido mucho trabajo”.
Bueno, con gran dolor debo decir que se tuvo que morir Rafael y cientos de los más de 1.500 obreros de este hotel en construcción tuvieron que enfermarse para que el tema llegara a nuestros oídos.
Pese a que, tardíamente, el Ministerio de Salud impidió el reinicio de obras a Hotel Riu, aún se desconoce la causa de muerte de Rafael, en una sospechosa larguísima autopsia que le han practicado por más de dos semanas. Unos dicen que murió por la picadura de una garrapata. Otros dicen que falleció por salmonela. Yo digo que murió por indiferencia.
El Gobierno pidió a los representantes del hotel mostrar evidencias de la condición contractual de sus empleados: origen, estatus migratorio, si están cubiertos por la Caja Costarricense de Seguro Social y si la empresa está al día con los pagos a la CCSS.
Pero, yo me pregunto, si toda esa información la tiene el Gobierno en sus manos, ¿para qué se la pide a los empresarios? ¿Por qué se ha alargado tanto este proceso?
¿Qué hubiera pasado si el muerto hubiera sido pariente de algún político prominente? ¿La autopsia duraría tanto? ¿El proceso para que la empresa española y las constructoras costarricenses asuman su responsabilidad sería tan largo?
¿Quién ha pensando en la familia de Rafael? ¿Cómo estarán estas personas? ¿Cómo se sentirán ante nuestra espantosa indiferencia? ¿Aún podremos enmendar algo?
Fuente: informa-tico.com
Para defender los fraudulentos resultados de las recientes elecciones municipales del 9 de noviembre en Nicaragua, Daniel Ortega no encontró mejor salida que instaurar la anarquía en varios sitios del país. Para acallar las protestas de la población al conocerse las evidencias del fraude, mandó a sus seguidores para que impidieran con lluvias de piedras y amenazas de palos que ésta se manifestara.
Para quienes siguieron de cerca la Revolución Sandinista en los años 80, resulta difícil entender lo que sucede. Figuras emblemáticas de aquellos años, como Ernesto Cardenal, Dora María Téllez, Sergio Ramírez, han denunciado que en el país se está gestando otra dictadura. A menudo, he comprobado el desconcierto de quienes apoyaron con su solidaridad lo que semejaba entonces una gesta de David contra Goliat. Preguntan sorprendidos: ¿qué le ha pasado a Daniel Ortega? ¿Cómo fue que cambió tanto? Confieso que me da un poco de vergüenza responderles. Para muchos de los que formamos parte de aquella masa intrépida que derrocó a la tiranía somocista el 19 de julio de 1979, los bandazos y arbitrariedades de Ortega eran un secreto a voces que guardábamos en casa. Atribuíamos ese comportamiento a su falta de experiencia, al poco don de gentes de su inescrutable personalidad, al impacto psicológico de los siete años que pasó en la cárcel. Lo aclamábamos en medio del fervor idealista, pero en la intimidad criticábamos su constante necesidad de ser desafiante sin medir las consecuencias. Nuestro consuelo era saber que, aunque el mundo lo considerara el líder de la revolución, en realidad él era solamente uno más.
La dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y del Gobierno revolucionario era colectiva y varios de los nueve hombres que conformaban el directorio eran personas capaces e ilustradas cuya autoridad era un contrapeso a la peculiar manera del presidente de hacer política. Recuerdo incluso una conversación que sostuve, antes del triunfo de la revolución nicaragüense, con Fidel Castro. Cuando le reclamé su aparente preferencia por la facción dirigida por los hermanos Ortega, Humberto y Daniel -el FSLN se encontraba dividido entonces en tres grupos-, Fidel me contestó diciendo que precisamente porque las ideas y la disposición de los Ortega era menos predecible, él consideraba que no podía dejarlos solos. No sé qué pensará Fidel ahora.
La supremacía de Daniel Ortega entre aquel grupo de primus inter pares fue asentándose gracias, en gran medida, al poder indiscutible que la llamada Guerra de la Contra, confirió a su hermano, Humberto, el comandante en jefe del Ejército Popular Sandinista. Más astuto que Daniel, su habilidad para salirse con la suya a cualquier costo le había ganado el sobrenombre de Puñal. Durante los 10 años que duró la Revolución, Humberto Ortega fue inclinando el fiel de la balanza a favor de su hermano hasta asignarle un protagonismo que justificaba con el argumento de que la autoridad de un presidente confería institucionalidad a la revolución. Ni él mismo, creo, imaginó lo aventajado que resultaría su hermano como aprendiz de sus mañas.
Paradójicamente, la hora más alta de Daniel Ortega no sobrevino en ninguno de sus momentos de triunfo, sino ante la inesperada derrota del FSLN en las elecciones de 1990, las más vigiladas en la historia del país. En el discurso en que concedió la victoria a su contrincante, Violeta Chamorro, destacó la trascendencia de aceptar la voluntad popular, aun cuando la guerra financiada por Ronald Reagan, hubiese puesto al pueblo de Nicaragua a votar con una pistola en la sien. No quedó ojo seco entre quienes lo escuchaban, fuera por tristeza o por alivio. Al día siguiente, sin embargo, Ortega cambió su tono conciliador y ante una azorada multitud prometió “gobernar desde abajo”.
El debate sobre lo que esto significaba para un FSLN en la oposición fue el origen de la primera gran fractura interna del sandinismo. Ortega y tras él las disciplinadas estructuras partidarias reclamaban que jamás renunciarían al derecho a ejercer la violencia “revolucionaria”, que hacerlo era traicionar al pueblo. La otra posición planteaba que el partido debía adaptarse a las nuevas condiciones del mundo. La caída del bloque socialista demostraba el fracaso de la “dictadura del proletariado”. El país requería una izquierda moderna que descartara la violencia como método de resolver diferencias y se apuntara con brío a radicalizar la democracia y abogar por los intereses populares respetando la diversidad y las leyes.
Las acusaciones de los sectores más dogmáticos contra quienes sosteníamos estas ideas no se hicieron esperar. A los disidentes se nos endilgaron adjetivos que iban desde cobardes hasta traidores. Daniel Ortega dirigió la embestida y se erigió como el único capaz de preservar la amenazada unidad. Renovó así el discurso de confrontación de los años 80, esta vez contra los miembros de su propio partido. Mientras tanto, en la práctica, él y otros dirigentes como Bayardo Arce y Tomás Borge, se encargaban de asegurar la supervivencia económica del FSLN y de ellos mismos, distribuyendo propiedades del Estado y otros recursos y acumulando fortunas personales.
La llamada piñata sandinista fue vergonzosa. Si bien la propiedad de la tierra fue legalizada a las cooperativas, en un acto de democratización del área propiedad del pueblo compuesta por los bienes confiscados a Somoza y la dictadura, cuadros sandinistas alertados sobre el valor de estas tierras, las compraron a los cooperados y pasaron a ser dueños, entre otras cosas, de las anchas costas del Pacífico nicaragüense que hoy son vendidas a inversores europeos y norteamericanos por millones de dólares. La piñata causó nuevas deserciones en el interior del FSLN por desacuerdos éticos, pero generó, al mismo tiempo, complicidades estrechas ya no basadas en ideales y sueños, sino en negocios o en el mutuo encubrimiento. El FSLN se apropió de emisoras de radio y equipos de televisión. Fundó un banco y formó empresas usando los nombres de cuadros leales que también se enriquecieron.
Esta incursión en el mundo de los negocios no impidió, sin embargo, que continuara el discurso populista. Y fue este divorcio entre el discurso y la práctica lo que, en 1999, le permitió pactar la división del país con el entonces presidente y jefe máximo del Partido Liberal Constitucionalista, Arnoldo Alemán. Acusado de corrupción, Alemán se encontraba en una posición de debilidad. Para asegurar su supervivencia política aceptó el pacto con Ortega. Se amplió el número de magistrados y miembros de la Corte Suprema, del Consejo Electoral, de la Contraloría, de la Asamblea Nacional para incluir a los sandinistas y se inició un cogobierno. Eventualmente, Ortega le arrancó a Alemán la concesión clave: bajar el porcentaje de votos necesario para ser electo presidente de un 45% a un 35%.
Hecho esto, Ortega escenificó el regreso del hijo pródigo a los brazos de la Iglesia católica, a quien atribuía una influencia decisiva en sus previas derrotas electorales. Empezó a visitar a su antiguo némesis, el cardenal Miguel Obando y Bravo. Poco después, éste ofició la misa en que el líder sandinista se casó por la iglesia con su compañera de vida, Rosario Murillo (cuya hija lo acusó en 1998 de abuso sexual desde los 11 años), y sus discursos se llenaron de frases bíblicas y alabanzas a Dios. Como ofrenda final, Ortega apoyó la revocación de una disposición constitucional del siglo XIX que autorizaba la interrupción del embarazo si hacía peligrar la vida de la madre.
Tras tres intentos fallidos, el tozudo comandante logró coronar su ambición de regresar a la presidencia el 10 de enero de 2006, al alcanzar una votación del 38%. Su actitud desde entonces y en las recientes elecciones municipales parece indicar que esta vez no está dispuesto a jugarse el poder más que en simulacros democráticos cuyos resultados le favorezcan.
Mientras escribo esto, la carretera de acceso a mi casa está cortada por grupos de choque orteguistas. Apostados allí, intentan impedir que medios y diplomáticos lleguen a una iglesia donde Eduardo Montealegre, el candidato a alcalde de Managua por la oposición, mostrará las actas de votación que demuestran el fraude perpetrado en su contra. Aparentemente, para salirse con la suya, Daniel Ortega también está dispuesto a incendiar el país. Lo mismo hizo Somoza en 1979. El revolucionario se ha convertido en su propia antítesis.
Fuente: El País, España

Mina de oro a cielo abierto en México
COSTA RICA: Pronunciamiento de la Oficina Ejecutora Paz con la Naturaleza sobre Minería
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Ante los recientes acontecimientos ocurridos en el país y vinculados al tema de la minería, y a solicitud de varias organizaciones de la sociedad civil respecto a la posición de la Oficina Ejecutora de la Iniciativa Paz con la Naturaleza (IPN) sobre el tema se aclara lo siguiente:
1. La Iniciativa es una entidad gubernamental asesora y, por tanto, no forma parte del proceso de tramitación de permisos y autorizaciones que resuelve la administración del Estado. La Oficina Ejecutora de la Iniciativa es un grupo técnico asesor, que recomienda acciones a solicitud del Sr. Presidente de la República o del Comité Ejecutivo de la IPN creado por Decreto No. 33487-MP del 29 diciembre 2006. El decreto también establece un Consejo Presidencial de 23 miembros, escogidos por sus conocimientos y experiencia en temas ambientales, quienes colaboran de forma ad honores.
2. Para lograr tener un efecto perdurable, la IPN ha iniciado una serie de proyectos que consideramos trascendentes, como los son: (1) la actualización del currículo de la enseñanza pública en colaboración con el Ministerio de Educación Pública (MEP), para incorporar los nuevos conceptos de educación ambiental para el desarrollo sostenible, así como los instrumentos para poder responder a la crisis ambiental; (2) la ambientalización del sector público, para orientarlo hacia buenas prácticas ambientales en colaboración con la Dirección de Gestión de la Calidad Ambiental en el Ministerio de Ambiente Energía y Telecomunicaciones (MINAET); (3) la creación de un fondo patrimonial permanente para la áreas protegidas del Sistema Nacional de Áreas de conservación (SINAC), con el proyecto Costa Rica por Siempre; (4) el apoyo a la gestión de varios ministerios para designar un instrumento de alta resolución como base para el Ordenamiento Territorial, así como (5) el desarrollo de acciones, en colaboración con el MINAET, la Cancillería y otros ministerios, que conduzcan al país hacia la C-neutralidad.
3. En lo referente a la minería metálica a cielo-abierto, el grupo técnico de la Oficina Ejecutora ha expresado que se trata de una actividad de alto impacto, razón por la cual se elaboró un documento conocido como Política de Salvaguarda Ambiental para la Minería en Costa Rica, para facilitar el proceso de toma de decisiones en la actividad minera. Este fue conocido por el Comité Ejecutivo de la IPN el 21 de Mayo de 2008 e incluido en parte en el Decreto No.34801-MINAE.
4. En dicho documento de Salvaguarda, se indica: “La actividad minera, tanto metálica, como no metálica, entendida ésta como la forma de extraer por parte de los seres humanos, los recursos minerales del suelo y del subsuelo superior de la corteza terrestre, representa por su naturaleza una actividad que impacta negativamente el ambiente. No obstante, en algunos casos es una actividad que requiere ser realizada a fin de que se disponga de fuentes de materiales minerales para el desarrollo de las actividades productivas, como la construcción y la industria”.
5. El documento explica, además, que en Costa Rica hay poca tradición en minera metálica. También se señala que pocas experiencias con la minería metálica en el Trópico, han sido positivas. Es ampliamente reconocido que tenemos un Código de Minería obsoleto con cánones muy bajos.
6. En cuanto al tema de Las Crucitas, la Sala Constitucional tramita actualmente varios recursos interpuestos sobre la legalidad de la Declaratoria de Conveniencia Nacional para otorgar el permiso de cambio de uso del suelo, por lo que consideramos inapropiado emitir juicios y opiniones al respecto.
7. Los costarricenses rechazamos la tala de árboles, talvez porque durante los años 70s-80s llegamos a deforestar hasta 60,000 hectáreas por año. Hoy la respuesta de diversos sectores de la sociedad a las imágenes de los noticieros sobre Las Crucitas demuestra una gran preocupación por el ambiente y una gran valoración de la flora y fauna, como nunca antes en nuestra historia.
POR TANTO, nuestras recomendaciones al Señor Presidente de la República, basadas en criterios técnicos y en los principios que rigen a la Iniciativa Paz con la Naturaleza son las siguientes:
1. Con fundamento en el principio precautorio reconocido en nuestra legislación, le instamos a declarar una moratoria a la minería metálica a cielo-abierto, hasta tanto se revise y actualice el Código de Minería.
2. La moratoria permitiría iniciar un Diálogo Nacional sobre la conveniencia de la minería metálica a cielo abierto, en que diferentes puntos de vista sean atendidos y analizados, entre ellos el balance entre aspectos ambientales, económicos y sociales.
3. Sugerimos también que se incluyan las salvaguardas completas elaboradas por la Oficina Ejecutora de la Iniciativa Paz con la Naturaleza y aprobadas por el Comité Ejecutivo, en la nueva legislación.
4. Sugerimos la creación de un grupo de trabajo amplio, con la participación de las partes interesadas, para producir con diligencia un “Moderno Código de Minería”, que contemple los estándares impuestos por las mejores prácticas internacionales.
Este sitio WEB contiene información adicional sobre nuestros proyectos así como los documentos de Salvaguardas y de Principios (www.pazconlanaturaleza.org).
Pedro León Azofeifa
Coordinador Oficina Ejecutora Paz con la Naturaleza
21 de noviembre, 2008
Tenía miedo, como muchas veces en mi vida, de participar en la marcha para defender el voto ciudadano, el martes 18. Nunca he sabido enfrentar la violencia física. Mis paradigmas generacionales fueron Mahatma Ghandi y Martin Luther King, y desde la tímida imitación de estas posturas me he sumado a todas las causas en las que he creído.
Llegando a la hora de la convocatoria e informada de que en vehículo ya no íbamos a poder llegar hasta la Funeraria Monte de los Olivos, mucho menos al Hotel Princess, comencé a caminar con Silvia Gutiérrez y Angie Largaespada, dos jóvenes profesionales con quienes habíamos acordado irnos juntas.
El ambiente era muy tenso, los anuncios eran atemorizadores, militantes del partido de gobierno, los funcionarios públicos, miles de jóvenes y de ellos cientos, con sus rostros cubiertos, eran desplazados hacia el sitio cercano a la concentración. Grandes y lujosas camionetas llegaban a los conglomerados donde rápida y vigorosamente eran repartidas cantidad de banderas rojinegras y municiones. A nuestros oídos llegaba que además de piedras, los grupos gobiernistas estaban abastecidos de tiradoras y canicas o maules, como le dicen en Las Segovias, de dos tamaños. Me estremecí pensando en que nos podían dejar ciegas si nos daban en un ojo. Pensé en que los anteojos se me harían añicos contra la cara. Aparté esas imágenes de mi mente y continué caminando con las muchachas, recibí la llamada de Vidaluz, mi hija, que iba con su grupo de amigas, ex compañeras de colegio y ahora todas profesionales y madres de familia de tres y cuatro niños cada una. Varias de ellas, ex Juventud Sandinista, chavalas generosas cuyos 15 años no fueron motivo de fiesta, sino de participación en misas por sus amigos mártires que uno a uno caían en el Servicio Militar Patriótico. No esperaba que fueran, así que no me quedó de otra que advertirles la ruta por donde podían llegar a pie.
Ya bajando con mis acompañantes por La Familiar, nos unimos al grupo de Pinita Vigil y sus hijas, Josefina y Virginia, otros jóvenes del Grupo Puente, el Profesor de la UCA, Dr. Jorge Huete, a quien saludé y manifesté mi admiración por sus investigaciones científicas e inteligentes entrevistas sobre transgénicos. Dos comandantes guerrilleros, ahora en la vida civil, me reconfortaron con su presencia, Dora María Téllez e Irving Dávila.
Al llegar al Monte de los Olivos, en la esquina opuesta estaba un grupo con grandes piedras en las manos y actitud agresiva, nosotros pasamos frente a ellos rápidamente, haciendo caso omiso de sus insultos y amenazas, el Profesor Huete levantó los brazos y en gesto conciliador pasó diciéndoles Paz…Paz….Paz. No obstante, empezaron a tirarnos las piedras, Irving Dávila les preguntó firme: ¿Qué les pasa? Y éstos se abalanzaron sobre él con piedras y una regla con la que le dieron en el brazo que él antepuso protegiéndose, debido a que es un hombre que a estas alturas ha sufrido dos trasplantes de riñón y dos infartos, mientras su hija, Ana Lucía, desesperada y el resto de su familia y amigos lo apartaban de sus agresores. Así continuamos rápidamente. De pronto, a dos centímetros de mis pies, cayó una piedra grande y corrí a meterme a la casa de la gasolinera, toda de vidrio, y de allí vi pasar a mis compañeras/os de marcha. Pinita, con el improvisado casco que se había puesto en cabeza los encaró y les dijo: Nos vas a pegar, nos vas a matar, atrevete. El desconcierto debe haber paralizado unos minutos a los agresores.
La joven encargada de la tienda de la gasolinera le dijo a sus compañeros de trabajo, ¡cerremos! porque se van a venir a meter aquí, entonces me di cuenta que los estaba exponiendo y salí rápidamente sin volver a ver atrás hasta pasar el cerco de la policía confiando que de alguna manera, allí estaría a salvo momentáneamente.
Así pudimos congregarnos unas dos mil quinientas personas frente al Hotel Princess convirtiendo en concentración nuestra pretendida marcha, ya que no tuvimos hacia dónde caminar, cercados por los cuatro costados por enmascarados embanderados rojinegros que blandían visiblemente piedras y palos.
Después de concluidos los discursos permanecimos esperando condiciones para retirarnos con cientos de jóvenes que seguramente ahora serían tildadas de nalguitas rosadas pero que un día muchas de ellas/os trabajaron hombro a hombro con su pueblo por un futuro mejor, tal como expresó mi hija a una agencia de noticias internacionales que la entrevistó y le preguntó por qué estaba allí y ella atorozonada por la emoción le dijo “porque tengo cuatro hijos”.
*Escritora nicaragüense
vidaluz@ibw.com.ni
Fuente: Movimiento Autónomo de Mujeres de Nicaragua
Para llegar el martes 18 de noviembre a la marcha para protestar contra lo que muchos estamos convencidos ha sido un fraude electoral, hice memoria de mis años de llevar y traer cuadros clandestinos. Hay cosas que uno no olvida, instintos que no se pierden. En esos años, conocer los vericuetos de Managua era una de las habilidades que podían salvarle a uno la vida. Por eso conozco bien mi ciudad.
También recordé lo importante que es no tener miedo. El miedo en este tipo de situaciones es mortal. El adversario lo huele y ese olor lo excita. Le sucede a los seres humanos, igual que a los caballos o los perros: detectan el miedo y el reflejo los pone agresivos. Fue así que, desde la carretera sur, a las 2 de la tarde, hice mi camino. Sorteé las rotondas de la Bolívar, la de Cristo Rey. En ambas, grupos relativamente pequeños de personas, agitaban perezosamente banderas rojinegras. Tenían el rostro apagado, ambulaban de aquí para allá con la actitud de quien no tiene más remedio.
En dos puntos, en Altamira, me topé con buses atravesados en la calle para impedir el paso y retenes de partidarios del gobierno. En un caso, eran jóvenes con pasa-montañas y lanza morteros. Me detuve y hablé con ellos. Me indicaron los accesos que tenían copados y me dijeron que la marcha “de los liberales” estaba “más arriba” y que iba montones de gente. Cuando aparecieron lucían un poco desafiantes, pero luego de platicar con ellos y verlos a los ojos, de hacer un contacto humano tranquilo, se calmaron y lucieron como lo que eran: jóvenes como tantos. En el otro sitio, varios hombres mayores me pidieron que diera la vuelta, que no había pasada, me hicieron la seña del dos con la mano. Les sonreí, saludé y salí hacia la calle despejada que me condujo al parqueo del Hotel Seminole, a una cuadra del Hotel Princess, el sitio de la concentración. Allí bajé y fui caminando, sola, hacia donde se concentraba el grupo de personas que escuchaban en ese momento a Dora María Téllez.
La calle estaba resguardada por policías y me impresionó lo calmos y profesionales que lucían. En la esquina del hotel, el grupo de gente no era muy grande. Era una manifestación como tantas otras, excepto que a una o dos cuadras de distancia, por el norte, el sur, el este y el oeste, los policías anti-motines alineados y compactos, impedían el desborde de una apretada masa de gente con banderas rojinegras, al acecho. En medio del grupo que me rodeaba, vi alguna que otra cara conocida. En su mayoría, sin embargo, quienes estaban allí eran tan pueblo, como los que parecían esperar, tras la barrera policial, la oportunidad para abalanzarse contra los manifestantes. Era una situación insólita realmente. ¿Qué peligro, pensé, podíamos representar aquellos pocos para merecer semejante despliegue?
Toda la actividad de la ciudad parecía pender de aquel pequeño espacio en la esquina del Hotel Princess. Subidos sobre una camioneta, flanqueada por anti-motines, varias personas tomaron la palabra. Hubo aplausos del grupo y morterazos de los que nos rodeaban. Desde donde estaba, podía entrever el forcejeo con la Policía: la gente quería romper la barrera y lanzársenos encima. Corrió el rumor de que ya se había dado la orden a los anti-motines de romper filas. Imaginé los espíritus exaltados, los que vendrían riendo con esa risa peculiar que tenemos los nicas en los molotes, y que, en medio de las trifulcas aparece como si se tratara de una fiesta y no de una circunstancia grave. Imaginé los palos, las piedras, los bates, el efecto contagioso de la psicología de masas que envalentona hasta al más cobarde.
Era, sin duda, una situación de extremo peligro cuyo desenlace nadie podía prever con certeza. Afortunadamente, aunque el retiro fue desordenado, el combate frontal no se dio gracias a la labor policial. Los muchachos a quienes el gobierno ha dado licencia para golpear y amenazar, hirieron con pedradas a más de alguno, pero la mayoría nos pusimos a salvo, gracias a la solidaridad de los vecinos de las cuadras aledañas a la concentración, que nos abrieron las puertas de sus casas y nos ofrecieron refugio. Por más de dos horas, sonaron los morteros, los gritos, hasta que poco a poco, se hizo el silencio.
Mi conclusión, tras esta experiencia, es que aquí hay hombres que se están resguardando tras las faldas de una mujer y esa mujer es el pueblo de Nicaragua. El pueblo es liberal, sandinista, danielista, emerecista, conservador, etc, etc. Dentro de cada tendencia política hay de todo: oligarcas, cheles, morenos, culos rosados y culos de todos los colores.
Pregonar la creencia de que pueblo es sólo el que piensa como el que gobierna es una manipulación alevosa que persigue exactamente lo que está logrando: echarnos a pelear unos contra otros, como si la salvación y el derecho de un lado sólo pudiera existir si se suprime el del otro lado. El planteamiento es absurdo, auto-destructivo e irrespetuoso del mismo pueblo que estos gobernantes dicen defender. Porque es un irrespeto sacar a la gente de sus trabajos, de sus comunidades, para lanzarlos a las calles a que impongan con violencia, lo que sus autoridades no pueden sostener con la razón y la ley. Es un irrespeto no responder limpiamente a los reclamos de quienes arguyen que sus derechos no están siendo atendidos. Es un irrespeto arrastrar al pueblo a una confrontación cuando la solución del conflicto se tiene en la mano.
Pero a estas autoridades nuestras parece que les es más fácil mirar desde sus lejanos puestos de observación cómo se desatan las pasiones más lesivas, la intolerancia y la anarquía, que enfrentar su obligación de presentar cuentas claras de su gestión. Ante esta actitud, uno tiene derecho y hasta obligación de preguntarse si lo que pasa es que no las tienen. Máxime que hay pruebas irrefutables de malos manejos. A estas alturas, yo, por ejemplo, no sé dónde quedó mi voto. Mi junta, la 9480 del Colegio Calasanz donde voté, no aparece en los registros del CSE. Nadie de los que anda en la calle con banderas y alborotos tiene derecho a exigirme o a exigir a cualquier otro ciudadano que se olvide del por qué de estas irregularidades.
Pero quienes saben que no pueden dar respuesta, recurren a la vieja cantinela de que los Estados Unidos está “desestabilizando” al gobierno. Para impedir las protestas de los que se sienten agraviados, sacan al pueblo que los apoya a la calle e inventan la patraña de que la razón de su presencia es la demanda de que el CSE se pronuncie. Los ponen a exigir que se violente el calendario establecido y que se den resultados, no cuando se aclaren los nublados que existen, sino cuanto antes, hoy mismo, no importa lo que diga la ley. Otra vez la consigna es usar al pueblo para que solo se ensarte el puñal, para que se enfrente consigo mismo, en nombre de una victoria que el propio gobierno que los incita a hostigar y apedrear, aún no ha podido demostrar que existe, más allá de toda duda.
Esta política de separar al pueblo entre unos que tienen derecho a todo y otros que no tienen derecho a nada es lo que criticamos de las oligarquías y los imperialismos. Pero tan malo es cuando lo hace un lado, como cuando lo hace el otro. Ese fue el pecado de los totalitarismos, fue el pecado de la misma revolución sandinista de los 80. La lucha de clases dentro de una existencia democrática, tiene que ser sustituida por la lucha por la igualdad y la justicia social.
Ya en el siglo XX, en los países del Este, vimos los resultados de instituir una “dictadura del proletariado”. La dictadura, venga de donde venga, niega la libertad y tarde o temprano, esa negación conduce a la rebelión porque, en la práctica, lo que sucede es el juego de “quítate tú para ponerme yo”. Siempre hay unos que acaban siendo más iguales que otros.
En estos tiempos la manera de combatir las derechas y las enormes fortunas, es la política fiscal: que el rico contribuya con sus impuestos a la educación, a la salud, a la vivienda del pobre. A menos que exista un plan de exterminación contra los ricos –en cuyo caso las mismas filas del gobierno se verían muy mermadas- lo demás es pose, retórica y la consecuencia es el empobrecimiento de todos y el aislamiento del país.
Hay que abrir los ojos, reflexionar, no dejarse manejar por las pasiones ajenas. De nosotros depende aceptar que tendremos que navegar juntos en este barco llamado Nicaragua. No permitamos que nos sigan contando cuentos de caminos y que nos echen a pelear unos contra otros en vez de gobernar responsablemente y entregar cuentas de sus entuertos.
Managua, Noviembre 19, 2008
Fuente: El Nuevo Diario
NICARAGUA
ANTE EL DETERIORO DE LAS LIBERTADES PÚBLICAS, REPORTEROS SIN FRONTERAS ESCRIBE AL PRESIDENTE DANIEL ORTEGA
Sr. D. Daniel Ortega Saavedra
Presidente de la República
Managua, Nicaragua
Señor Presidente,
Reporteros sin Fronteras, organización mundial de defensa de la libertad de prensa, quiere manifestarle su preocupación a raíz de los recientes acontecimientos que han afectado a organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación. Una situación que refleja un serio deterioro del estado de las libertades públicas en su país. Situación que a Usted como garante de los principios constitucionales fundamentales, le incumbe resolver.
En primer lugar nos sentimos indignados por la culpable pasividad mostrada por las fuerzas del orden, el 16 de octubre de 2008, cuando algunos miembros de los Comités del Poder Ciudadano (CPC), instancia coordinada por su esposa, la Señora Rosario Murillo, agredieron delante de la Fiscalía a unos representantes del Centro Nicaragüense de los Derechos Humanos (Cenidh). Vilma Núñez, presidenta ejecutiva del Cenidh, escapó por poco a los actos de violencia, aún mas intolerables tratándose de una señora de 70 años de edad. Héctor Calero, encargado de comunicación del Cenidh, y a su hermano, Camilo Calero, reportero de imágenes de la televisión privada Canal 12, fueron duramente golpeados en el suelo antes de que Dino Andino, de Canal 2, y los abogados Norwin Solano y Gonzalo Carrión, fueran agredidos a su vez al intentar interponerse. Los policías presentes ni siquiera se dignaron en responder a los pedido de auxilio de las víctimas y ninguna voz, procedente de la justicia o del gobierno, se ha alzado para condenar esas actuaciones.
Este episodio se produjo cuando los miembros del Cenidh acompañaban a la señora Cecilia Millán, representante de OXFAM-Gran Bretaña en Nicaragua, a la sede de la Fiscalía donde tenía que entregar unos documentos contables de su organización. La convocatoria era consecuencia de las acusaciones de “triangulación” y “lavado de dinero” que enfrentan diecisiete ONG’s y, en este caso preciso, al Centro de Investigación de la Comunicación (CINCO) y al Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), con los que OXFAM-Gran Bretaña tiene un acuerdo de cooperación. En un comunicado, fechado del 10 de octubre de 2008, Reporteros sin Fronteras ya había manifestado su preocupación por las consecuencias de la campaña mediática de calumnias dirigida contra los periodistas Carlos Fernando Chamorro y Sofía Montenegro, directores de CINCO y MAM respectivamente. La cita en la fiscalía de esas dos personas, y el allanamiento de sus oficinas en el marco de una acción judicial emprendida a petición del Ministerio del Interior, estuvieron llenos de irregularidades y se llevaron a cabo en un clima de violencia e intimidación, inadecuado para el ejercicio sereno e imparcial de la justicia.
La caza de brujas contra algunas ONG y medios de comunicación privados, a los que se acusa de querer “desestabilizar al gobierno” o “trabajar por cuenta de la CIA” - unas acusaciones peligrosas para la integridad física de las personas a quienes van dirigidas -, tiene otras preocupantes consecuencias para la libertad de expresión. Por ejemplo, han llevado al periodista y editorialista Edgar Tijerino a renunciar a sus comentarios políticos que, desde hace décadas, acompañaban la vida de los oyentes de programas deportivos en Nicaragua. Y esos ataques son aun más odiosos porque han ido dirigidos a su esposa, Auxiliadora Mercado, que siempre se ha mantenido alejada del debate público.
La caza de brujas se ha puesto de manifiesto también en los actos intimidatorios por parte de militantes del CPC al diario La Prensa, que está siendo objeto de procedimientos judiciales por “injurias” y “calumnias” impulsados por tres diputados de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN). Las “injurias” y “calumnias”, imputadas también por los mismos a Santiago Aburto, del Canal 12, y a Jaime Arellano, antiguo presentador del Canal 2, no tienen nada que envidiar a las incesantes diatribas contra esos últimos, promovidas por funcionarios a través de Canal 4, afín a su gobierno. La fiscalía citó a Jaime Arellano el 8 de octubre de 2008 por haber realizado en el pasado mes de agosto una entrevista al ex presidente mexicano Vicente Fox, que se ha considerado “ingerencia exterior los asuntos internos del país” en vísperas de las elecciones municipales del 9 de noviembre. Una acusación que pone de manifiesto la evidente voluntad de hacer que recaiga en el periodista la responsabilidad de unas declaraciones que, en el ejercicio de su trabajo, se ha limitado a transmitir. Si a Jaime Arellano le condenaran por ese motivo se habría dado un paso hacia el delito de opinión.
Finalmente, la satanización del ejercicio de la profesión tiene también repercusiones en la vida cotidiana de los profesionales de los medios de comunicación, como ha ocurrido con Oliver Gómez, de El Nuevo Diario, víctima de la medida arbitraria de parte de un funcionario del Ministerio de Salud Pública, quien se negó a ponerle la vacuna que “éste representante de la oligarquía” necesitaba para poder viajar al extranjero. Un castigo que, también en este caso, es el resultado de la campaña que instiga a tomar represalias de forma individual en contra de cualquier colaborador de un medio considerado no conforme a la opinión oficial. Una práctica de ostracismo particularmente grave, en la medida que da paso a todos los abusos, en todos los niveles del poder. Y que también cuestiona seriamente el principio de igualdad de todos los ciudadanos del país, y su derecho a no verse discriminados.
Por todo ello le pedimos que haga que cesen las campañas de odio y suspicacias, incluso las que se dan en el terreno judicial, que garantice la seguridad de los profesionales de los medios de comunicación y que haga todo lo necesario para garantizar el derecho a informar libremente. Esperamos también que los responsables de la violencia sean procesados y condenados, sean cuales sean sus vínculos partidistas. Reporteros sin Fronteras está en disposición de apoyar cualquier iniciativa que contribuya a restablecer la paz civil, sin la cual el ejercicio de los derechos democráticos resulta irrealizable.
Agradeciéndole la atención que pueda prestar a esta carta le ruego, Señor Presidente, acepte la expresión de mi mayor consideración.
Jean-François Julliard
Secretario general

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