63558_preview1Desde hace tres semanas, en el aeropuerto de la isla de Lanzarote, en Canarias, hay una mujer que se niega a comer. Sobrevive con agua y azúcar. El gobierno español analiza inclusive la posibilidad de obligarla legalmente a alimentarse para no cargar, eventualmente, con su muerte. Pero ella está dispuesta a morir. Esta mujer, testaruda, suicida y heroica a la vez, se llama Aminatu Haidar.

Supe de su existencia apenas el año pasado, cuando leía noticias internacionales y apareció su nombre en una nota. El senador Ted Kennedy acababa de entregarle un premio por su valor y su trabajo en defensa de los derechos humanos del pueblo del Sahara Occidental, al cual ella pertenece.

En octubre recibió un premio similar en Nueva York. Hoy duerme en un rincón fuera del aeropuerto y se resiste a abandonar la huelga de hambre que inició el 16 de noviembre en demanda de que se le permita volver a su país, ocupado por Marruecos desde 1975.

Aminatu vive en El Aiún, capital del Sahara Occidental, bajo el dominio marroquí. Regresaba a esa ciudad, después de recibir su premio en Estados Unidos, el 14 de noviembre. Una sola palabra frustró su deseo de retornar al hogar: en el formulario de ingreso, en el espacio para indicar la nacionalidad puso “saharaui” y no marroquí. Por eso las autoridades le retiraron el pasaporte y fue expulsada a Lanzarote, su anterior escala.

España, que la recibió sin documentos y en contra de su voluntad, no sabía la brasa que estaba aceptando. Hoy le está quemando las manos al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, porque si algo ha demostrado esa mujer es que le sobra voluntad y coraje para soportar la tortura (como la que vivió en cárceles marroquíes) y el hambre, quizá el único mecanismo de presión del que dispone.

Para que terminara su huelga, España le ofreció estatus de refugiada, luego la nacionalidad, pero ella no quiere nada, solo volver a casa, con sus hijos y su madre.

Marruecos, que la acusa de ser una agente de Argelia y del Frente Polisario (reconocido por Naciones Unidas como legítimo representante del pueblo saharaui), le ofreció un nuevo pasaporte para que pueda volver si ella pide perdón al rey Mohamed VI por haber renegado de su “nacionalidad” marroquí. Es un precio demasiado alto que ella, símbolo de un pueblo orgulloso y resistente, no está dispuesta a pagar.

Aminatu prefiere morir, al igual que prefieren morir miles de saharauis antes que verse obligados a ser parte de Marruecos, el país que los expulsó de su tierra, los despojó de su mar, de su derecho a reflejarse en las aguas del Atlántico Norte, de alimentarse de sus peces.

Hay quienes la acusan de montar un show político. Me pregunto: ¿No montan nuestros grandes líderes planetarios sus shows políticos cada cierto tiempo para que sigamos creyendo en ellos? Y sin arriesgar ni un pelo.

Si así fuera, Aminatu Haidar tiene todo el derecho del mundo a montar el espectáculo que quiera, porque su huelga de hambre ha permitido que recordemos la tragedia de su pueblo. Y la tragedia mayor es que, siendo un pueblo que libra una lucha pacífica por sus derechos, el resto del mundo, todos nosotros, lo ignoramos.

El Sahara Occidental es un territorio casi cinco veces más grande que Costa Rica ubicado en el norte de África. Fue colonia española, pero Madrid, en vez de darle la independencia siguiendo los procesos de descolonización, permitió que fuera ocupado por Marruecos.

Cuando eso sucedió, en 1975-1976, y según consigna la historia, miles de saharauis fueron expulsados de su territorio, bombardeados. Terminaron como refugiados en un desierto pedregoso y estéril cedido por Argelia. Ahi están todavía, 34 años después. Viven, a duras penas, de la solidaridad mundial.

Hasta finales de los años 80 el Frente Polisario, que se había creado para luchar por la independencia de España, enfrentó al ejército marroquí logrando controlar una franja de tierra. No obstante, Marruecos se quedó con la mayor parte, la más rica, donde están los mayores recursos naturales del territorio (yacimientos de fosfato) y varias ciudades, entre ellas El Aiún. Rabat construyó un muro de 2.700 km que separó al Sahara Occidental de norte a sur, rodeado de minas antipersona.

Marruecos alega derechos históricos sobre ese territorio, pero la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, desacreditó ese argumento.

A finales de los años 80 el Polisario y Marruecos acordaron una tregua, respaldada por Naciones Unidas,para realizar un referendum de autodeterminación, aceptado por el entonces monarca marroquí, Hassan II. Aún el pueblo saharaui espera por esa consulta que no se hizo por divergencias en el censo. Ahora Marruecos no acepta hablar de autodeterminación sino que ofrece autonomía. Asegura que no entregará “ni un grano de arena” del Sahara.

No sé a ciencia cierta cuantos saharauis viven como refugiados en el desierto. La cifra oscila entre los 80.000 y 150.000 personas. Es, a todas luces, el más grande campo de refugiados. Sin embargo, mientras esperan que llegue el momento de regresar a su tierra, los saharauis han desarrollado, en medio de la carencia casi absoluta, una eficiente organización social con servicios básicos en salud y educación.

La Costa Rica gobernada por Rodrigo Carazo, en consonancia con su política de defensa de los derechos humanos y de respeto al derecho internacional, reconoció, en 1980, el Estado creado por el Polisario, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

En el 2000, sin previo aviso, San José decidió congelar las relaciones con la RASD buscando un acercamiento comercial con Marruecos y sus socios de Oriente Medio a pesar de las repetidas denuncias de organismos internacionales contra Marruecos por violaciones a los derechos humanos.

El actual gobierno, que reconoció la existencia del Estado Palestino, mantiene congeladas las relaciones con la RASD.

Aminatu Haidar demuestra que la lucha de ella y su pueblo, aunque pacífica, es indoblegable. Ese valor y ese ideal de justicia merecen más reconocimiento del mundo, por encima de intereses comerciales.

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2 comentarios

  1. gaby sax dijo el Diciembre 10, 2009 | Permalink

    Es impresionante Julia. Estando en Sevilla este año, tuve la oportunidad de ver a esta mujer junto con muchas personas del pueblo Saharaui en una actividad para exigirle a Zapatero que cumpliera un pacto firmado por él antes de llegar al poder, en donde se comprometía luchar por todos los medios para que Marruecos entregara el territorio ocupado. Zapatero no llego esa día ni esa noche. A la semana siguiente estando en un curso sobre diversidad étnica y racial con funcionarios publicos españoles y la dirección del ministerio hablando del pueblo gitano, ante nuestras prguntas dijo q no se referiria al tema.

    En todo caso, Julia, q impactante ver a esta mujer, la convocatoria que tiene, el aprecio de la gente hacia ella, incluso la esperanza q depositan en ella. Le preguntamos a muchas personas quien era ella cuando la escuchamos hablar, y un comun denominador en las respuestas fue: el rostro saharaui.

  2. Julia Ardón dijo el Diciembre 10, 2009 | Permalink

    Pues bueno, obviamente hay gente a la que le toca encarnar el rostro de todo un pueblo. Esa gente que tiene una misión en la vida tan pero tan clara.
    Impactante.
    Maricel es periodista costarricense, editora de internacionales de La Nación.

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Sobre Julia Ardón

Escribiendo y publicando desde Costa Rica
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