No hay en América Latina otro país al que más nos parezcamos, y no solo por la pequeñez o el número de habitantes, sino por la similitud en condiciones generales: estratificación social, ingreso per cápita, nivel de escolaridad, desarrollo técnico, amén de otros muchos aspectos culturales. También en Uruguay el tú da paso al vos, igual que aquí, como forma coloquial y trato de confianza entre personas. Sin embargo hay algo en que si nos diferenciamos: madurez política, ahí la patria de Artigas alcanza mayor desarrollo que nosotros.
En las pasadas elecciones votó el 90% de las gentes inscritas y una coalición de fuerzas progresistas las ganó por segunda vez. El Frente Amplio, que así se llama, agrupa a socialistas, comunistas, demócrata cristianos, tupamaros, social demócratas y otros sectores representativos del progresismo uruguayo. Todos apoyando la candidatura de un pintoresco y amable personaje, José Mújica, ( en la foto, abajo) que fue fundador del movimiento guerrillero Tupamaro y pasó años en la cárcel acusado de subversivo y terrorista, por la dictadura militar de los años 70. Mújica resulto el dirigente más votado en la convención que realizó el Frente Amplio para designar su candidato a la presidencia, el que quedó en segundo lugar de la consulta, Astori, lo acompaña en la formula como candidato a vicepresidente.

Así eligieron las fuerzas políticas del progresismo uruguayo a sus candidatos y así unidos impulsando un programa común alcanzaron la victoria con cerca del 48% de la votación, 18 puntos por encima del inmediato seguidor. Ese programa común mantiene y desarrolla la base de compromisos que ha venido materializando el actual gobierno de Tabaré Vázquez, primer presidente en la historia uruguaya que no proviene de los tradicionales partidos conservadores Nacional y Colorado, o bien de los cuarteles.
Superando diferencias, que indudablemente las hay, entre los diversos grupos que conforman el Frente Amplio se impuso el objetivo supremo del interés nacional y las exigencias de la lucha por convertir al Uruguay en una nación más justa, más solidaria, más inclusiva, más libre, donde los pobres y las capas medias dejan de ser convidados de piedra en la escena política y pasan a convertirse en actores principales y constructores del nuevo país. Los partidos conservadores, eternos gestores del inmovilismo social y la dependencia, fueron desplazados y perdieron la hegemonía que por siempre habían mantenido.
Los uruguayos no son más inteligentes que los costarricenses, ni son mucho más educados que nosotros; como entonces se explica que ahí se pudo conformar la unidad necesaria e imprescindible para cambiar, para bien de las mayorías, las cosas, y aquí no fue posible?
Estará la respuesta a esta pregunta en las diferencias históricas, en las pruebas más duras que les tocó enfrentar, en esas condiciones objetivas, o será que los dirigentes uruguayos son más maduros y lúcidos, menos vanidosos y egocéntricos, menos fantasiosos? Serán más firmemente patriotas que los del patio, más consecuentes? Podría ser una mezcla de factores, pero sea como sea, la amarga frustración y el desencanto que viven los miles y miles de compatriotas que se movilizaron en defensa de la Costa Rica que se nos va de las manos, que lucharon a brazo partido, sin diferencias y fraternalmente, contra los propósitos de entrega del país a los interese mercantiles de afuera y de adentro en las hermosas jornadas contra el T.L.C., expresa el descontento de quienes nos se sienten bien interpretados. Esa formidable fuerza transformadora se encuentra hoy ante un proceso electoral trascendental, dispersa y confundida, sin ilusión. La responsabilidad es de algunos dirigentes, aparentemente más preocupados en atender sus parcelas y sus proyectos personales, que en proponerse seriamente derrotar al neoliberalismo, nunca lograron ponerse a la altura de las circunstancias, ni entender que la unidad más que sumar, multiplica.
Uruguay encontró su camino y supo que recorrerlo con éxito solo es posible con la unidad madura y de contenidos que forjaron. Aquí donde el clamor de las gentes también era ese nos espera una ardua lucha por superar los obstáculos que más bien parecen subjetivos, para iniciar nuestro propio camino de transformación.
Noviembre, 2009
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