
No hay camino para la paz, la paz es el camino nos dijo un señor flaquito de India hace tiempo. Un señor que por cierto fue incomprendido y tenía muchos enemigos en todas partes, gente que le decía loco, iluso, tonto, cándido y otros epítetos. Gente que luego, después de muchos años, le comprendió.
Hemos vivido desde hace mucho con un camino enfrente, un camino que en vez de caminar hemos ignorado. Hemos elegido ( o solo hemos podido) por razones diversas situarnos a sus orillas. Desde esas orillas hemos estado viéndonos como desconocidos, desconocidas, con recelo, con desconfianza, con resentimiento, con odio. Nos hemos juzgado desde uno a otro lado, constantemente, nos hemos tirado palos, piedras, balas, bombas, palabras horribles, por siglos… Algunas personas se cambian de orilla para seguir en lo mismo. Sus enemigos ahora son sus amigos, pero la práctica es la misma. Se repite. Igual en un nivel unos son amigos, en otro esos mismos enemigos, y luego se cambian los papeles, pero la práctica la misma. Mientras tanto, el camino ha estado allí, enfrente, siempre esperándonos. Empedrado, surcado de rios profundos, repleto de bestias enormes, lleno de restos de basura, cadáveres, sangre, dolor, lagunas de lágrimas ….sí, pero camino al fin.
Hemos vivido así por siglos. En muchos niveles…orillados, orilladas…muertas y muertos de miedo, defendiéndonos de otros y otras. De enemigos que creemos reales o que nos hemos inventado para acorazarnos, encerrarnos , justificarnos, protegernos.
Y el camino allí…y nuestra capacidad de comenzar a caminarlo juntos y juntas, allí.
Para mantenernos en las orillas hemos inventado religiones, patrias, guerras, dogmas, leyes, morales, autoridades, palos y más palos, todos verticales, escaleras enormes por las que suben solo algunos a sus torres de babel para decirnos qué tenemos que gritar y cómo. Y obedientes hemos hecho caso.
Señalándonos unos a otros, unas a otras, especialmente a los de enfrente, siempre, la paja en el ojo…sin descubrir la viga en la propia mirada, el cristal empañado, la sabiduría desteñida, olvidándonos, despegados, despegadas…doloridos, enfermas.
Seguimos así. Es la verdad.
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El Premio Nobel es solo un premio, el premio Nobel de la Paz es solo un reconocimiento. Muchas personas en el mundo, muchas organizaciones y grupos lo merecen. Hoy se lo dieron a uno, uno que ha comenzado a platearnos desde la propia cuna del odio y el miedo que su gente puede relacionarse de otra manera con el resto de la humanidad y el planeta.
“No ha logrado nada” dicen desde ambas orillas muchos y muchas. “No le creo” repiten. “Todo lo que dice es mentira” gritan. No los culpo, pero de repente “enemigos” coinciden y encuentran en esto distinto y que no entienden otro enemigo o un payaso del que mejor reírse.
Y mientras tanto el camino en el medio intransitado, apenas borrosamente vuelto a ver por cada vez más gente rebelde, inconforme, que quiere mirar a otro lado, que se despereza y abraza la esperanza. Poca la gente que lo comienza a caminar valiente, para sorprenderse, apenas dando los primeros pasos que todos los peligros, las bestias y los miedos se esfuman y son vencidos a medida que se van dando los pasos.
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Barack Husseim Obama: No encarna este muchacho en sí mismo todas las soluciones. Lo culpan por eso. No es un santo, lo culpan por eso. No es supermán , lo culpan por eso. No es todopoderoso, lo culpan por eso. Por eso y por más ¿ por qué le vamos a dar el premio? nos dicen arriba desde las torres de cada “verdad”.
“No lo merece” dicen a coro. Es prematuro. ¿ Es que de repente era tan importante el premio?
¿ Y si se lo hubieran dado a esa colombiana trabajadora y valiente de turbante coloriqueado?
¿ y si se lo hubieran dado a esos que luchan contra ls bombas de racimo? ¿ qué es eso? ¿ quién hace esas bombas?
Desde las orillas, no todos ni todas, solo algunas voces habrían opinado unas y otras cosas. Y el camino en medio, callado. Esperándonos.
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Obama nos ha recordado con palabras y pequeños ( por posibles) pasos que sí hay un camino distinto y que hay que comenzarlo a caminar. Ha lanzado palabras como palomas que siembran sueños y dan fuerza ¿ es que de repente no es importante la poesía, la inspiración, levantar un sueño o utopía?) ha estrechado manos, a propuesto cosas distintas con sus peores enemigos justo en la oficina de al lado. El nos necesita y tenemos que recordarle que le necesitamos a él. Obama nos ha recordado que él solo no es nada si no cuenta con el apoyo de su pueblo y los pueblos del mundo. ( nosotros, nosotras, los mirones pasivos y pasivas de las orillas) Los noruegos no son tontos, le están recordando que no está solo y que sea valiente porque eso esperamos de él y que en esto le acompañamos.
El muchacho mulato solo es otro que como tantas otras y como tantos otros a través de la historia nos está recordando que hay que dejar la orilla y emprender el camino . Que hay que dejar el miedo atrás. Otro chico de por estos lares: Juanes, hace poco nos dió una lección al respecto. Barack, que está ocupando un lugar muy difícil nos lo está gritando de otro modo. No desde una torre, sino trepado en un débil banquito. Por ello desde la orillas que tiene más cerca le juzgan y le ven con recelo y desconfianza esperando que haga o deshaga quienes no hacen nada o lo hacen todo para que fracase, para que creamos que es nuestra obligación quedarnos gritones y expectantes en las orillas para que otros resuelvan por nosotros todo y llenarnos el corazón de desesperanza, de decepción, de escepticismo. ( “Qué va, esto ha sido así por siempre y nunca va a cambiar!”) ¿ Será?!
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Recibo el premio con él, con toda la gente que recuerda que sí hay posibilidad de otro mundo, que sí es posible que caminemos de otro modo hacia otras utopías.
Me sumo a las muchas voces que ven este premio como un espaldarazo a esa mirada que se ha atrevido a recordarnos que podemos hacerlo de otro manera, que podemos comenzar a mover los pies hacia ese camino, defender cada uno y cada una sus luchas como pueda, vencer las bestias, las interiores y las que vienen de fuera, las corrientes profundas y turbias de esos ríos, sortear los vientos, atrevernos.. Esa mirada que se ha sumado a tantas, a tantos que por tantos años han hecho lo mismo y han entendido que el camino solo se despejará si lo comenzamos a andar.
Me sumo contenta a las voces que en el mundo felicitan a este hombre común por habérsele otorgado hoy el Premio Nobel de la Paz.
Una profunda convicción, que viene desde muy adentro, me dice que el premio es merecido, y que este muchacho es solo una cara vistosa y visible de algo mucho más poderoso que se mueve en todas partes del planeta, un movimiento social, político, cultural, ideológico, espiritual, global que nos llama hacia cambiar la mirada, dejar de ver hacia arriba y hacia abajo, ver de repente hacia otro lado, hacia adelante, hacia ese camino nuevo que nos está llamando.
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Hoy es un día bonito. Cumple años mi hermano Manuel, mi hermana Inti defiende su tesis en la Universidad, mi hijo vuelve a casa después de una semana ausente, mi hermano Barack nos recuerda que el mundo está cambiando. Hoy es un día bonito. Me lo planteo así y aprovecharlo o que pase de largo depende en parte de mi.
Julia
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