Amanece.
He cruzado mis recuerdos con paso firme y me he detenido en la esquina de la historia, bajo el semáforo de color verde olivo, para que pasaran raudo los tanques militares. Entonces, he recordado mi infancia de luces perdidas, cuando jugaba en aquel jardín de flores disecadas, bajo la luz incandescente de los ojos de Dios, y me he puesto a ver mis muñecos de plástico, que salían en los cereales de Cornflakes de una época pasada de moda, en la que jugar con soldaditos era la alegría de la vida. Hoy, verlos de verdad es la angustia de la vida, el horror de sus ojos demoledores de espanto y ese caparazón de metal en sus pechos, como animales mitológicos de una era neolítica ya superada por los paleontólogos del fin del mundo.

La ciudad de Tegucigalpa es un campo de concentración, una ciudad minada de odios, un pueblón enmarañado de botas que destruyen la hierba de la esperanza en cada paso y se ensañan en que nunca más vuelva a crecer. Aunque la flor de la resistencia crezca en el asfalto de sus pasos torcidos.

En cada acera, en cada calle, en cada callejón, va en estampida la fuerza de la lucha contra ese monstruo de metal brillante, lustrado con las camisas de la miseria de esta Honduras; en cada carabina cabe el odio y la utopía, en cada camiseta verde cabe el cuerpo del delito, en cada ojo está la lágrima de amor por rescatar el país de los orangutanes falsificados de una selva fosforescente de luciérnagas políticas sin gloria.

El semáforo se pone rojo, ya es hora de que se detengan las caravanas de hierro podrido y se paren los dinosaurios del basurero universal de la historia, ya va siendo hora de encender esa luz del rojo digno que pondrá fin a la furia desbocada de esta caballeriza metálica que aplasta una esperanza según ellos existente, pues están convencidos de que todo el país se resume en un M-16.

Mis muñecos de plástico se han caído en el jardín, se extravían entre la maleza de hojarasca y remolinos secos del invierno. Corro a donde mi papá, para que me auxilie. Son mis únicos juguetes y el viejo, que está leyendo un librito de Honoré de Balzac, me dice en el oído, despacito, como un secreto de Estado sin presidente: “Déjelos allí, que el plástico se derrite con el sol de la mañana”.

Amanece.

Allan McDonald  ( en la foto) es dibujante hondureño

macdonald

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3 comentarios

  1. Julia Ardón dijo el Septiembre 28, 2009 | Permalink

    Publico aquí esto que me hizo llorar, me lo mandó Seidy Salas….
    Qué barbaridad….cómo nacen la esperanza y la poesía entre tanto golpe, moretón , metal y dolor…

    Ay.

  2. Silvia González dijo el Septiembre 28, 2009 | Permalink

    Forgive
    I draw on God’s love within to forgive.
    Forgiveness is an act of love. As I forgive, I release negative energy that may manifest as resentment or anger. I open the way for something positive to happen. If I feel wronged or annoyed, I release the impulse to judge. The lines of communication remain open, and understanding flows freely. Relationships with family, friends and colleagues flourish when I act with compassion and easily forgive. I relate to others in harmonious ways.
    I exercise the same forgiving attitude toward myself. If I have erred, I learn from it and move on. I draw from the reservoir of God’s love within me to give and receive forgiveness.
    “Do not judge, and you will not be judged; do not condemn, and you will not be condemned. Forgive, and you will be forgiven.”–Luke 6:37

  3. Feministas en CR dijo el Septiembre 28, 2009 | Permalink

    Feministas protestan en Costa Rica contra golpe de Estado de Honduras

    Alonso Mata B. | amata@nacion.com

    Publicado: 2009/09/28 | 01:11 PM
    San José (Redacción). El grupo Feministas en Resistencia realiza una manifestación pacífica en la que denuncia la violencia de los golpistas en Honduras.

    Ellas pintan un mural con mensajes de paz en la rotonda de la Hispanidad, en San Pedro; además con pancartas y carteles repudian el Gobierno de facto de Micheletti.

    Las manifestantes claman también por el fin de la violencia contra las mujeres, tanto en Honduras como en Costa Rica.

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Sobre Julia Ardón

Escribiendo y publicando desde Costa Rica
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