
De mano en mano ha ido pasando… y hasta este año yo la hice. Es la receta del queque de navidad de Tía Marisa.
Murió ella hace 14 años aproximadamente, y todavía, escrita de su puño y letra en una hojita de cuaderno rayada, rota por el tiempo y los chorretes ; vive en poder de mi hermana Lucía.
Luci la saca religiosamente cada navidad y por años ha sido la que ha sostenido la tradición de la receta familiar de la hermana de nuestro abuelo Tuto.
Tía Marisa fue una mujer sencilla, parca en expresar emociones, pero de corazón bondadoso. Su nombre: María Isabel Ardón Alpízar. La recuerdo en su oficina del Cine Milán, frente al parque de Alajuela, o sentada en uno de los históricos “poyos” luciendo sus joyas. Siempre elegante. Las guardaba en una cajita de seguridad del Banco Nacional y dicen que varias veces a la semana las sacaba para lucirlas para luego volverlas a guardas. La recuerdo vestida casi siempre de azul , de negro, de gris, de vino…colores como su carácter: sobrios. En su casa, al costado sur de la Catedral, de patio interno con fuente y todo vivió por años un pavo real y no sé si lo soñé pero me quedé con la idea de que allí habitó también un palito de higos.
Este año yo quise hacer su queque, que me mata. Esto de mantener las tradiciones familiares a través de la cocina es una del más cosas más lindas. La receta del tamal que hicimos este año , por ejemplo, es de su mamá: Adelina Alpízar, vecina de Paso Ciruelas de San Antonio del Tejar de Alajuela, según cuentan algunos “fantasiosos”donada con 14 años a cambio de una deuda a Cipriano Ardón, joven y pujante empresario del centro de la ciudad de los mangos que le debía una plata a quien bastantes años después terminó siendo mi tatarabuelo, don Rafael Alpízar. Un matrimonio “arreglado” a la carrera sin cortejo alguno de por medio? Eso no está claro, pero en todo caso a aquellas alturas del siglo pasado tampoco no era tan noticia la cosa, porque por el lado de mi mamá, hay una foto de una boda de una chiquita de 14 con un hombre de 36, creo que eran los bisubuelos de mi abuela Julia Pacheco ( Tita).
De Cipriano, el papá de Tía Marisa, convertido después en viejo cascarrabias, por lo que me cuentan, hay historias sorprendentes, como que en la calle era un caballero aunque a su mujer la mantuviera como su sirvienta personal. Fue uno de los primeros alajuelenses que compró carro, tuvo la osadía de poner en Alajuela un cine y mandó a traer de Italia, por barco, los muebles de la sala. Por años su foto, totalmente calvo, sin un pelo, y apariencia de mulato albino, nos asustó. Mis primos y mis hermanos mayores Manuel y Lucía jugábamos de ir a ver cómo se nos quedaba viendo el muerto desde aquella foto en blanco y negro enmarcada en un marco ovalado. Tuvieron él y “Abuela Adelina” ( a quien yo recuerdo porque murió cuando yo estaba en el kinder) tres hijos. Raúl, que nació con algún retraso mental y murió joven, mi abuelo Carlos Luis y María Isabel ( Tía Marisa) . Cierro los ojos y la veo con delantal en la cocina, entro por la puertita de servicio, recorro las pilas del corredor donde varias mujeres aporreaban los trapos del piso golpeándolos ruidosamente contra el barro húmedo y rojo de los tanques… y le pido La Nación. Nosotros vivíamos a la par ( en el puro centro de Alajuela, 100 varas al oeste y 50 al sur del Parque Juan) y mi papá nos mandaba a pedirle el periódico a Adelina “cara de gallina” ( como él la llamaba de cariño) para no comprarlo. La viejita de anteojos y pocas palabras nos daba el periódico y nos ofrecía galletas de una gran lata de Nabisco color como moradillo.
Pero fue María Isabel ( nuestra Tía Marisa) la hija preferida de su padre. ¿ Por qué? Porque no fue rebelde y sí le hizo caso.
La historia va más atrás.
Cipriano Ardón y su amigo Teófilo Chavarría eran amigos desde que juntos trabajaron en un almacen de un español llamado Procopio Arana. Como que en el empleo les fue bien, tanto que cada uno pudo poner su propio almacén. Almacenes de abarrotes tenían….y siguieron siendo amigos, muy amigos, casi hermanos…tanto que soñaban con que sus respectivos hijos se casaran.
Mi abuelo, terco y rebelde como una mula, luego de intentar probar suerte en el boxeo como “Kid Montana” , de participar en cosas tan peculiares como concursos internacionales de pulsos, ser el chofer de Libertad Lamarque por un día o de múltiples peripecias dignas de un libro de aventuras; se casó con mi abuela : “la muchacha más linda de San Joaquín de Flores”, tan linda tan linda que la misma Chavela Vargas la recuerda y suspira. Pero sin “dote”, huérfana de madre e hija de un campesino sencillo. De ese acto de desobediencia venimos mis hermanos, mis hermanas y yo y sólo del lado de mi papá ya hemos contribuido con once retoños más a la zaga. Además, de mi prima y mis tres primos han nacido: seis varones y una niña.
En cambio: María Isabel, bien portada , sí se casó con uno de los hijos del amigo de su papá: Heriberto…un hombre recto, abogado e incluso en su momento diputado , Gobernador de Alajuela y Contralor General de la República a quien conocí poco pero que de manera sorprendente es igualito a su nieto Fernando, nacido muchos años después de él haber muerto.
Es que una comienza a contar una historia y las ramas del árbol “genealógico” ( o geneilógico…ni idea!!) te llevan por laberintos intrincados, sub-textos, historias curiosas, frutos diversos…espirales y piruchos inimaginados…pero bueno…yo quería hablar de Tía Marisa y su receta del queque de navidad, porque fue el que hice este año y me quedó bien rico, no es por nada.
Hoy por la mañana, con la lluviecita, quise ponerme a hacer más porque la verdad me quedó fruta con ron y ando orgullosa rajando con él. Lo bueno de esta receta es que en algunas cosas es ambigua, entonces cada persona le pone ingredientes al gusto y la varía a su antojo. Así cada queque llevará el sello personal y no quedará igual al que hizo otra persona.
Al de Luci, por ejemplo, se le descubre el perfume de la pimienta de jamaica que el mío no tiene . La primera tanda que hice llevaba más frutas secas e higos, pero la de hoy quedó un poco más sencilla…
Es cosa de practicarlo.
Entonces acá, como donación a la humanidad, coloco la receta del queque de navidad de Tía Marisa. Como regalo de una mujer discreta “de abolengo provinciano” al mundo. ¿ y qué si no un pedacito de placer, de gozo, de felicidad es el segundo que un bocado delicioso nos inunda los sentidos? ¿ y quién dijo que eso podía tener menos valor que un grabado de don Paco Amiguetti o un cuento de Carmen Lyra? ¿ De dónde sacó Tía Marisa esta receta? Ni idea…¿ de dónde abuela Adelina la del tamal? tampoco lo sospecho siquiera. Lo que hoy sabemos es que ella le enseñó a hacerlos a Nana mi abuela ( su nuera), quien a su vez le enseñó a Mina ( la empleada de mi abuela y de mi abuelo por casi sesenta años) a la que todos los años le pedíamos la receta hasta que murió y que hoy hacemos los hijos, hijas, nietos, nietas, yerno y c
uñadas de su nieto del medio: Sergio Erick.
Hay otra historia: la del arroz con pollo de Nana. Pero esa la cuenta mi hermano Camilo cuando destapa la olla del mejor arroz con pollo del mundo. Es que mi familia está llena de cocineros, cocineras y sobre todo: gente de buen diente! Habrá cosas irrepetibles: como los bisteccitos que secaban al sol y que comíamos con deliete después de que el mosquero tropical los aderezaba…los crujientes filetitos de corvina empanizados con culantro frito, el plátano maduro suavizado en almíbar durante toda la mañana, el papín de piña rosado o el zopilotillo que siempre será mejor que el mejor de los tres leches contemporáneos.
De Tía Marisa se pueden contar muchas cosas, como el amor con que recordaba ya viuda a su marido Heriberto, y cómo terminó siendo más conocida en Alajuela como “la mamá de Pollo Macho” ( ella y Heriberto tuvieron un único hijo: Fernando, mi primo, apodado así desde chiquillo por ser muy rubio).
Cada cosa que hace cada persona sobre este mundo tiene importancia. Cada pequeña , cada mediana y cada gran cosa. Todos y todas somos valiosos, valiosas , necesarios, necesarias…únicos, únicas…Vaya para Tía Marisa, esté donde esté, con esta pequeña introducción y “marco histórico”, mi recuerdo cariñoso y el agradecimiento por el amor que perdura a través del alimento que no enseñó a hacer, pero sobre todo, a compartir!
Hay algunas cosas enredadas. Si alquien lo desea hacer y necesita aclaralas, pregúntenme a mi correo: juliaa@racsa.co.cr y por allí les explico, es que no quise cambiarle nada.
Léanla toda primero porque en la lista de ingredientes faltan cosas que luego aparecen en la receta.)
Ingredientes:
1 libra de mantequilla dos pinos ( 4 barras)
12 huevos
1 libra de harina ( 4 tazas)
1 libra de azúcar ( 2 tazas y media)
6 cucharaditas rasas de “royal” ( polvo de hornear)
2 vasos de gerber de ciruelas
1/2 taza de leche
el jugo de un limón agrio
1 tarro de ciruelas sin semilla
pasas, nueces, almendras y fruta cristalizada picada al gusto
1 naranja para rayar
1 cucharada de miel de abejas
café
Preparación:
Se crema la mantequilla bien, luego se le agrega el azúcar poco a poco. Lo sigue batiendo bien, luego le agrega las yemas una a una y sigue batiendo.
Después le baja la velocidad y le agrega la leche poco a poco y lo baja de la batidora.
Al tazón le agrega la harina con el royal cernida y cucharada a cucharada de claras bien batidas. Cucharada de harida en forma envolvente con cuchara de madera hasta terminar . Luego le agrega el jugo de limón, mejor que lo vacie en una olla más grande.
Aparte pone al fuego los dos vasitos de gerber con 8 cucharadas de azúcar rasas, mueve para que no se le pegue y se deja enfriar.
Luego al batido le agrega los olores: clavo de olor, jamaica, café fuerte, dos cucharadas de nuez mozcada, cacao, vainilla…todo al gusto y el dulce de gerber. Le raspa la naranja y se le agregan las frutas que usted ha tenido en ron colorado.
Se calienta el horno a 350 y cuando se mete se baja a 325. Las nueces y las almendras no se ponen en ron. Si usted prefiere también se le pueden poner higos pero no los ponga en ron. Los pica y se le ponen en el momento de hacer el queque.



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