Johnny Rosales me acaba de mandar este texto, cuyo autor se desconoce. Me pareció sumamente interesante.
En Costa Rica hay mucha preocupación por la violencia en las calles, por la cantidad de delitos que se producen día a día. La prensa destaca las notas de sucesos sobre las demás, son los titulares recurrentes, especialmente por la televisión..y mientras ello ocurre crecen el miedo, la separación y la paralización.
La sociedad se fragmenta, algunas personas intentan dividirnos en “buenos y malos” y claman por más castigo y represión contra los delincuentes. Más de uno ha propuesto linchamientos, medidas más drásticas, puesta en vigor de la abolida pena de muerte, etc….Pero poca gente se pone realmente a hacer análisis de qué es lo que podría estar pasando. ¿ Dónde las causas de la delincuencia? ¿ Qué cosas empujan a las personas a cometer un delito?
Y es que delitos los hay en todas las esferas, en todos los estratos sociales, a todos los niveles…y según aumenta la capacidad adquisitiva del delincuente así aumenta la dimensión económica y cantidad de personas afectadas con su mala acción. Pero, como siempre: el hilo se corta por lo más delgado, y es el delincuente pobre, excluido y marginal el que se lleva la peor parte. Los de corbata con el dinero ganado en negocios ilícitos siempre pueden contratar abogados más avispados que saben qué hacer para librarlos de posibles sanciones.
Importante hacer la reflexión a partir de la hipótesis que se expone con “La teoría de las ventanas rotas” en un atículo de Daniel Eskivel.
Julia
TEORIA DE LAS VENTANAS ROTAS
En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof.
Phillip Zimbardo realizó un experimento de psicología
social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos
idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo
dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y
conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona
rica y tranquila de California. Dos autos idénticos
abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y
un equipo de especialistas en psicología social estudiando
las conductas de la gente en cada sitio.
Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser
vandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor,
los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo
llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto
abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.
Es común atribuir a la pobreza las causas del delito.
Atribución en la que coinciden las posicion ideológicas
más conservadoras, (de derecha y de izquierda). Sin
embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí,
cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho
y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los
investigadores rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto.
El resultado fue que se desató el mismo proceso que en
el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron
el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.
¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un
vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo
un proceso delictivo?
No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene
que ver con la psicología humana y con las relaciones
sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite
una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación
que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia
de ley, de normas, de reglas, como que vale todo. Cada
nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa
idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se
vuelve incontenible, desembocando en una violenciairracional.
En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George
Kelling) desarrollaron la ‘teoría de las ventanas rotas’,
misma que desde un punto de vista criminológico concluye
que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la
suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.
Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y
nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás.
Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no
importarle a nadie, entonces allí se generará el delito.
Si se cometen ‘pequeñas faltas’ (estacionarse en lugar
prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una
luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces
comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.
Si los parques y otros espacios públicos deteriorados son
progresivamente abandonados por la mayoría de la gente
(que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas),
esos mismos espacios abandonados por la gente
son progresivamente ocupados por los delincuentes.
La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera
vez a mediados de la década de los 80 en el metro de Nueva York,
el cual se había convertido en el punto más
peligroso de la ciudad. Se comenzó por combatir las
pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar,
suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público,
evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y
desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando
por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro.
Posteriormente, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de
Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y
en la experiencia del metro, impulsó una política de
‘tolerancia cero’.
La estrategia consistía en crear comunidades limpias y
ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las
normas de convivencia urbana.
El resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos
los índices criminales de la ciudad de Nueva York.
La expresión ‘tolerancia cero’ suena a una especie de
solución autoritaria y represiva, pero su concepto
principal es más bien la prevención y promoción de
condiciones sociales de seguridad.
No se trata de linchar al delincuente, ni de la
prepotencia de la policía, de hecho, respecto de los
abusos de autoridad debe también aplicarse la tolerancia
cero.
No es tolerancia cero frente a la persona que comete el
delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo.
Se trata de crear comunidades limpias, ordenadas,
respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la
convivencia social humana.




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