El sábado pasado fui a ver la película “El Camino” de Ishtar Yasin. Aunque me comentan que el tema de la producción era muy conocido y publicitado, yo llegué sin saber de que se trataba, únicamente con curiosidad de ver una producción nacional premiada y de paso apoyarla (era todo lo que sabía).
Cuando empezó la historia de la niña me impacté profundamente. Y ¿quién no?…Sentado con palomitas siendo espectador de una de las tantas historias de miseria que seres humanos protagonizan en el mundo. En este caso, una niña nicaragüense inmersa en la pobreza extrema y abusada por su abuelo. Una niña que un día intentó recobrar su dignidad y se puso en camino para Costa Rica a buscar a su madre, quien supuestamente trabajaba aquí.
La historia cargada de simbolismos, no todos entendibles para mí, me hizo compartir el camino de personas que han dejado todo buscando un mejor futuro, que no siempre llega, pero que al menos se intenta.
Salí del cine apreciando más mi vida y bendiciendo al Divino Amor, Divina Conciencia, que me permitió limpiar mis anteojos con lágrimas una vez más, para mirar con sus ojos a los inocentes e inmigrantes , a los que hoy respeto y amo más, porque independientemente de cómo sigan su camino, nos regalan una lección de fuerza y dignidad, una lección de amor.
En sus rostros hoy miro historias desconocidas y también la alegría aún escondida, que deseo tenga la oportunidad de florecer.
Me llena de esperanza el compartir su magia alrededor de una fogota con una guitarra jugando y bailando con máscaras.
Y como dice el Dalai Lama: “Deseo que todos estemos libres del sufrimiento y de lo que causa el sufrimiento”.
Gracias Ishtar, por este “camino”, por la oportunidad de hacer crecer el amor en mí, por medio de tu historia y la de tantos.
Más comentarios sobre esta película AQUI
A Mar no la dejaron verla tranquila
Tags: arte, Centroamérica, Cine, CostaRica, Cultura, Infancia, Migración, Nicaragua, Ticaragua



¿QUÉ HACER AHORA?