
Esta semana cerró con broche de oro. Mi familia y algunos amigas y amigas me celebraron mis cuarenta y cinco años con una hermosa fiesta ahí donde Tarbaca se convierte en Corralillos de Cartago y comienza La Cordillera de Talamanca. Hasta allá fuimos a dar como descubriendo un nuevo país quienes merodeamos usualmente las montañas de Alajuela. La fiesta duró dos días. Maravillosa. Dió inicio ayer al mediodía y comenzó a terminar hoy domingo como a las 5 de la tarde… pero todavía la traigo en el corazón.
En la foto tres de los regalos que me dieron: los caimitos, de la finca de mi papá, los tulipanes del cariño de Chepe, y los bananitos, que me dio doña Melania, la mamá de mis amigos Denia y Manuel. La avispita no es regalo, sólo me recuerda que las naturalezas muertas están vivas.
Después de estos días tan intensos, tan llenos de emociones profundas y sencillas alegrías, , tan cargados de buena vibra, de música y de esperanza, sólo me quedaron unas ganas como de llorar de puro gozo…
He sentido como un antes y un después, algo como Año Nuevo. Una renovación. Por dicha viene la santa semana para ir asimilando.
Hermoso.
Gracias A la Vida Que Me Ha Dado Tanto.
Tomé un montón de fotos hoy por la mañana. En estos días las subo a la galería de flick.



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