Hace muchos años, allá en Tehotihuacán, surgió el quinto sol, y con él, una nueva era. Los dioses, preocupados por la alimentación de los hombres, decidieron regalarles el maíz para que fuera su sustento. Dice la tradición que “es en la semilla donde empieza y acaba todo; es el principio y es el fin”. El hombre es maíz y el maíz es hombre; es dios.

Cuenta la leyenda que Quetzalcóatl, disfrazado de hormiga negra, se introdujo en “el Monte de Nuestro Sustento” y de ahí sustrajo la semilla de maíz para dársela a los hombres. Luego los Tlaloques, los dioses de la lluvia que viven en lo alto de las montañas, llegaron prevenienes de los cuatro puntos cardinales para fecundar con su lluvia la semilla; los azules del sur, los blancos de oriente, los amarillos de poniente y los rojos del norte. En cuanto llegaron, Nanáhuatl, el sol de Teotihuacán, lanzó su poderoso rayo sobre el Monte de Nuestro Sustento y éste se abrió para siempre. De él salió maíz de todos los colores, blanco, azul, amarillo y rojo. Fue de esta manera que Quetzalcoátl puso en manos de los hombres los dones de la tierra para que se hicieran una raza fuerte. El maíz es la materialización de un pensamiento amoroso. En la semilla, se une el cielo con la tierra, la nube con el polvo y crea un solo cuerpo indivisible. En la semilla de maíz está el hombre y el hombre es hijo del maíz. El deseo de alimentar siempre será un pensamiento amoroso, y el maíz es prueba de ello.

Es muy probable que la leyenda del maíz sea más antigua que la propia era del quinto sol, y hasta nuestros días la gente sigue venerando el maíz como un regalo de los dioses. Como parte de esa veneración, el campesino actual, antes de iniciar la siembra en la milpa, realiza un rito propiciatorio a los Cuatro Vientos, y después de la recolección del maíz siempre guarda las mejores mazorcas como sedimento para que se vuelva a dar la cosecha. La mazorca en sí representa el alimento que guarda la vida, y por lo tanto, los campesinos cuelgan en los portales de sus casas mazorcas de todos los colores para que veneren el principio de la abundancia. Esa tradición que data de tantos siglos sigue estando muy viva entre los campesinos, pues es evidente que todo el bienestar está dependiendo de la cosecha de maíz y frijol, otro de los alimentos básicos en la dieta del mexicano, y que también fue robado del Monte de Nuestro Sustento.

La leyenda de Quetazalcóatl robando el maíz para dárselo a los hombres, aparte de poética, es rica en simbolismo. Hace una referencia obvia al mito de Prometeo, pero también nos habla del agua como agente mediador entre el cielo y la tierra. La participación de la lluvia, aparte de tener un evidente sentido fertilizador, en muchas tradiciones es considerada como símbolo del descenso de las “influencias espirituales”. Por su parte el maíz, el sustento del nacimiento de la cultura mesoamericana, al provenir de la tierra, de esa oscuridad maternal y germinal y transitar hacia la luz del sol, simboliza la toma de conciencia de los seres humanos en su camino de lo primigenio a la iluminación, a la espiritualidad. Tal vez por eso se piensa que al ingerir un alimento de origen divino, uno puede entrar en comunión con los dioses. De ahí que el maíz esté siempre presente en las grandes ceremonias de la comunidad. Sobre todo en aquellas en las que se festeja la vida y la muerte, donde la presencia del alimento les garantiza la presencia del dios.

Los mexicanos somos hijos del maíz, lo mamamos desde la cuna. A las mujeres parturientas , por cuarenta días se les da atole de maíz y tortillas tostadas, porque se considera que éste es el alimento más preciado para su nutrición. En la vida adulta uno lo puede comerde las más variadas formas, desde el elote fresco, hasta pan de elote, desde tostadas y tlacoyos, hasta sopes y gorditas, desde tamales hasta pozole.

La generosidad del maíz alcanza para todo, hasta para alimentar a los animales con las sobras. Nada se desperdicia; las hojas sirven para envolver los tamales, el rastrojo mezclado con arena para construir el techo de pequeñas cabañas para guarecerse de la lluvia y del viento en la milpa. Otro de sus usos es el adivinatorio. Los granos de maíz se utilizan en la predicción del futuro lanzándolos al aire e interpretando la forma en que caen al piso.

Me pregunto qué dirían ahora los dioses si supieran que los científicos han robado la semilla de maíz a los hombres, para convertirla en una semilla transgénica y poder hacer negocio con ella. Qué sentirían al ver que el maíz pasó de ser un alimento que se reproduce generosamente en la tierra a un alimento estéril, fabricado dentro de los laboratorios.

Y también me gustaría saber cómo ven los campesinos la llegada de este tipo de maíz. ¿ Estarán bien informados de que se trata de un maíz que no se reproduce? ¿ Que su siembra amenaza la superviencia de variedades de maíz que sólo se encuentran en nuestro territorio? ¿ Que el cultivo de organismos vivos modificados produce una intensa homogeneidad biológica y que con elllo los cultivos se hacen en extremo vulnerables a la aparición de plagas? De saber, ¿ dejarían de considerar al maíz como regalo del Dador de la vida? Porque, antes, la semilla del maíz llevaba la vida dentro, ahora, lo que lleva es un nuevo gen, extraño, profano, implantando dentro de un laboratorio. Ya de nada le sirve ofrecer su siembra a los cuatro vientos, ya de nada le sirve guardar las mejores mazorcas como sementera para la nueva cosecha , ya nada tiene sentido.

¿ De qué sirve venerar al maíz en cada una de sus ceremonias rituales: en el nacimiento de sus hijos, en los bautizos, en las bodas, en los velorios, si el maíz no es el mismo, si ya perdió su carácter sagrado? Ahora el principio de la abundancia está en manos de los dueños de los laboratorios, y ellos son los que ponen precio a la semilla y deciden qué tipo de maíz debemos comer.

Tengo muy claro cuál fue la intención que empujó a los dioses en su generoso deseo de compartir el maíz con los hombres, lo que no me queda bien claro es la intención de los científicos en su búsqueda de una semilla “mejorada”. ¿ De quién fue la idea? ¿ De dónde nació el deseo de convertirse en dioses, en controladores de genes? Creo que vino de la idea equivocada de que la ciencia y el pensamiento positivo nos ofrecerían felicidad. Hemos llegado a un punto culminante del error de la modernidad. La carrera del milenio con su pérdida paulatina de valores espirituales y trascendentes le ha restado sentido alos actos personales y colectivos, les ha arrebatado su sacralidad. La ciencia se ha convertido en la nueva religión. Ofrece a sus seguidores ampliarles el espectro de la vida, pero aún no les garantiza que ese tiempo sea en años de calidad.

A los agricultores les ofrece semillas transgénicas que cuentan con su propio plaguicida biológico lo que por un lado permitir reducir costos y evitar el uso de insecticidas químicos, pero por el otro contribuye a que las plagas, a la larga, se hagan más resistentes. No sólo eso, en un estudio coordinado en México por los doctores José Sarukán y Jorge Larson, ambos directivos de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad se demostró que el ADN contenido en los alimentos transgénicos permanece en el intestino por un tiempo mayor del que se pensaba, con lo que su material genético puede ser trasnferido a las bacterias que ahí se alojan y crear cepas modificadas
con resistencia que podrían convertirse en un serio problema de salud pública.

Por su lado, la Sociedad Internacional de Quimioterapia manifestó hace poco que los genes de resistencia a antibióticos representan un riesgo inaceptable para el ser humano. Tal parece que lo importante es la velocidad y la cantidad con que se produce, y no los resultados. Y mientras crecen los debates sobre el avance de la ciencia en este campo, el joven mercado mexicano de transgénicos continúa en crecimiento: en 1998 la superficie mundial sembrada con maíz modificado genéticamente alcanzó los siete millones de hectáreas.

Si bien es cierto que a través de la biotecnología se obtienen semillas con resistencia a la sequía o al exceso de humedad y a los suelos ácidos o alcalinos, con lo que las convierten en semillas que cuentan con las mejores características industriales y nutritivas, debemos reconocer que lo hacen tomando muchos riesgos. En México, por ejemplo, hay centenares de variedades criollas de maíz y parientes silvestres de éstas, como el teocintle. Si el teocintle recibiera genes de resistencia a herbicidas, podría convertirse con el paso del tiempo en una maleza difícil de controlar. Para colmo, se ha comprobado que los herbicidas de amplio espectro eliminan plantas escenciales para la conservación de los suelos, junto con otras que sirven de alimento a la mariposa monarca.

El desarrollo de la estructura naciente de la biotecnología amenaza destruir estructuras agrarias y ecológicas mundiales y centralizar el control de las reservas mundiales de alimentos a un reducido grupo de compañías. Actualmente el mercado internacional de semillas es controlado en un 32 por ciento por diez compañías: Dupont, Monsanto, Novartis, Groupe Limagrain, Advanta, AgriBiotech Inc, Savia, Sakata, KWS AG y Takii.

Todo esto nos lleva a la conclusión de que los beneficios de las semillas transgénicas sólo son a corto plazo, no a largo plazo. Pero esto parece que a nadie le importa. La carrera del progreso y la modernidad así lo determina. El mundo en que vivimos hace mucho que dejó de esperar la intervención de los dioses en la vida diaria. La idea de que sólo existe lo que la ciencia puede comprobar dentro de un laboratorio nos obliga a creer que no hay nada más allá que lo que podemos tocar con las manos. Que el tiempo es lineal. Que tiene principio y fin. Que tenemos que aprovechar la vida, pues es corta. Que hay que vivir lo más que se pueda. Que el mundo es nuestro y podemos hacer con él lo que queramos. Que la vida no entraña un misterio.

A veces la arrogancia del hombre me asusta. Y me pregunto si ya antes de la llegada del quinto sol, la naturaleza se había sentido amenazada, y previendo una catástrofe ecológica había cerrado las puertas del Montes de Nuestro Sustento, para que nadie pudiera atentar contra los bienes de la tierra. Desgraciadamente ya no puede hacerlo, es demasiado tarde. Si Quetzalcóatl regresara a la tierra en busca de la semilla de maíz, ¿ dónde la iba a encontrar? M Dentro de un laboratorio? Quizá, en lugar de hormiga, se tendría que disfrazar de obrero para podérsela robar. El maor problema es que Quetzalcóatl ya no existe en la memoria de la gente. Los dioses están en el olvido. Nadie va a venir a rescatar el maíz. Y entonces la pregunta obligada es: ¿ Qué va a pasar con las mariposas monarca? ¿ Morirán irremediablemente? ¿ Y nosotros? ¿ Qué tipo de trasngénica cultura produciremos? ¿ El maíz mejorado generará una civilización más fuerte? ¿ La globalización logrará acabar con el hombre? ¿ O este sólo es un pretexto que tienen los cárteles biotecnológicos para controlar la alimentación mundial? No lo sé. Lo único que creo es uqe con el paso de la siembra “científica”, el maíz , el hombre pasó de sembrador de certezas a sembrador de dudas.

Fuente: Intimas Suculencias
1998 Edición DeBolsillo,
Editorial Sudamericana
Buenos Aires,
2007

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3 comentarios

  1. desde México dijo el Febrero 1, 2008 | Permalink

    Campo en ruinas, gobierno sordo

    Las movilizaciones multitudinarias de campesinos, obreros, maestros y
    organizaciones populares realizadas ayer en la mayor parte de las
    entidades federativas para exigir la renegociación del capítulo
    agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte
    (TLCAN) dejaron ver el tamaño del descontento que recorre al agro
    mexicano y a los sectores menos favorecidos del país por la
    perpetuación de una política económica antinacional, depredadora y
    generadora de pobreza extrema masiva y de riqueza, también extrema,
    para unos cuantos. Ni la aguda depauperación campesina ni las
    distancias ni los amagos policiales lograron menguar la presencia de
    masas de manifestantes procedentes de diversas regiones del país en
    el Centro Histórico capitalino, a las cuales deben sumarse las
    marchas y los mítines realizados en muchas otras ciudades en repudio
    a lo que se percibe, en el menos malo de los casos, como inacción
    gubernamental ante –si no es que participación en– la embestida
    que padecen los pequeños propietarios, los ejidatarios y los
    comuneros de México.

    Puede leer la nota completa en la siguiente dirección:
    http://www.jornada.unam.mx/2008/02/01/index.php?section=opinion&article=002a1edi

  2. mauricio dijo el Septiembre 18, 2009 | Permalink

    Parece ser que los politicos son iguales en todos lados, en Colombia se introdugeron los transgenicos y ni se comento la conveniencia ni se empleo el principio de precausion.Todo se hace por la plata,no por las generaciones futuras a menos que sean sus propios hijos, y fuera de eso vamos para mas de lo mismo…

  3. Leonor Pacheco Lopez dijo el Marzo 3, 2010 | Permalink

    Hola buenas tardes, bonito cuento de la Escritora Laura Esquivel; hay que defender nuestros cultivos de los transgènicos, ya que son dañinos para nuestro organismo.

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Sobre Julia Ardón

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