
Con respecto a lo del Dr. Chang. Durante más de año y medio me ha tocado tener a Franklin Chang como miembro de uno de los comités asesores en el CeNAT y por tanto como jefe y revisor directo de mi trabajo.
Académicamente en el campo de la Física lo respeto profundamente, al igual que como persona y he tenido la oportunidad de conocer parte de su trabajo en física de plasma,
particularmente en simulación numérica del proceso. Igualmente, en el tema del TLC estoy en
el lado contrario de su posición, en un campo donde ninguno de los dos (nótese que no me
comparo con el Dr. Chang, sería extremadamente iluso de mi parte) es experto en economía
internacional, politología o sociologia.
En un tema como el TLC, el Dr. Chang con respecto al ciudadano promedio tiene mucha influencia pública. Declararse abiertamente adscrito al tratado solamente ‘embarriala la cancha’, en particular en un país como Costa Rica, donde el público masivo tiene habilidades muy limitadas de análisis, lectura y criticidad. Adicionalmente, el Dr. Chang por su formación y ambiente tiene una perspectiva estadounidense del estandar de vida, acostumbrado a una economía aún pujante donde muchas cosas son posibles con poco esfuerzo (entiéndase esfuerzo).
Aún así, debemos respetarlo como persona, pero no necesariamente debemos considerar intocables sus argumentos.
El problema de la traición o no traición es la intencionalidad del voto. Sin embargo, el tener
buenas intenciones (en este caso votando NO o SI) no evita estar equivocado en la decisión. En lo personal, voy con el NO después de leer el tratado completo con varios amigos de economía y leyes internacionales (de lo contrario es inentendible) y hacer análisis sobre muchos documentos.
Uno es traidor a la patria siempre y cuando, bajo información verídica y confiable se opta por una solución donde el beneficio personal priva sobre el beneficio de todos los costarricenses.
En el caso del TLC, creo que la mayoría de nosotros votará bajo el supuesto de la mejor información que encontremos, pero bajo el supuesto también de que ninguna fuente de información (en particular de las fuentes pública) es totalmente coherente.
Existen grupos de los que dicen NO y SI -y particularmente la gente que aparece en los
medios es la que captura la mayor influencia- con intereses gremiales propios y su agenda
particular por la que el TLC es o no es conveniente; por eso decidí en mi caso leer el
tratado, y cuando no pude enteder algo busqué ayuda con la menor parcialización posible para
obtener mi propia visión de la realidad. El problema central se resume en que no ha sido
posible tener una discusión informada, con bases teóricas sólidas para todo el pueblo y con hechos (no posiciones ideológicas) concluyentes.
Ambos lados tienden a esconder las desventajas y ventajas respectivamente, pero ninguno hace una ponderación con una metodología definida de análisis que permita apartar el grano de la paja.
Por todo lo anterior, la etiqueta de traidor no tiene sentido sino para quienes tienen la
información completa en las manos y han tomado las peores decisiones en la historia del país (= clase política y con influencia sobre el quehacer estatal), no a la gente que busca el bienestar de todos y creo que de alguna forma u otra nosotros como parte de la comunidad tecnológico-científica buscamos (al menos eso esperaría yo) crear bienestar a partir de nuestros conocimientos.
Lo importante en el fondo es que el análisis que se haga para tomar una posición en este dilema nacional debe ser profundo, reflexivo y frío en términos no de gustos sino de hechos. Si el tratado demuestra ser apropiado a la realidad nacional, entonces es una opción. No obstante, en mi humilde opinión desde el sector académico-científico, existen más pruebas de que el TLC puede ser inconveniente para la realidad nacional actual que los beneficios que pueda otorgarle si se consideran los requisitos que la sociedad y la economía nacionales deben cumplir en términos de organización e infraestructura para que sus beneficios puedan aprovecharse.
Geopolíticamente, China es una potencia que ha crecido económicamente debido a 400 millones de chinos con poder adquisitivo, y una fuerza laboral de 1000 millones de chinos en pobreza extrema. La política europea ha sido la conformación de bloques estratégicos, al igual
que el resto de los tigres asiáticos. Estados Unidos entonces -y más aún con los posibles
resultados de las siguientes elecciones y finalización de la guerra en Irak en caso de un cambio de gobierno demócrata- requerirá una fuerza de trabajo análoga a la de China, y el
único lugar donde puede conseguirla es Latinoamérica. Si bien este comentario puede
sonar extremista (aprecio a muchos ciudadanos estadounidenses que hacen posibles muchas cosas), los últimos movimientos tanto a nivel nacional como internacional (interés de China en CR, tratados con Latinoamérica de parte de EEUU) confirman esta sospecha.
Para finalizar, se atacan ideas o posiciones, no personas. Igualmente, ninguna idea o posición
personal es sagrada o intocable, más cuando de ella depende el futuro de una nación.



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