Es asombrosa la cantidad de padres que aceptan la violencia como método de educación. Con golpes, nalgadas, fajazos, podremos domesticarlos, como se hace con los animales, pero con los niños no lograremos seres sanos, creativos y pensantes, sólo estaremos sembrando la semilla del rencor, de la venganza y la violencia. Aquellos que dicen que una bofetada de vez en cuando no les hace daño están justificando el uso de la fuerza. Aunque se establezca con ambiguo limite, “castigo”.
Amor y crueldad se excluyen, no se abofetea por amor.
Los padres personas que arrastran sus propios problemas por haber sido ellos un eslabón de esta cadena de abusos y maltratos, necesitan poner mucho esfuerzo en tratar de quebrarla, deben aprender a entender a sus hijos, a comunicarse adecuadamente con ellos. Tienen que saber que los niños son testigos de los problemas familiares, que a menudo privados de la palabra, sin explicaciones que le permitan entender lo que acontece sufren en silencio, viven con miedo y que, más tarde, esa frustración la actúan en conductas rebeldes, problemas escolares y sociales, en adicciones a drogas o alcohol.
Los padres arrastran heridas de su niñez y se las trasmiten a sus hijos usando nalgadas, fajacillos, que infunden miedo pero no respeto, estas modalidades no generan disciplina.
Es un mito creer que las nalgadas, los fajacillos dan autoridad o como sostiene el Sr. Eduardo Sánchez en su comentario citado por LA NACIÓN del día Jueves 31 de Mayo “Podemos estar dando “mala señal al quitarles a los progenitores el derecho de corregir con castigos “.O como sostiene Pedro Beirute en el mismo artículo “La ley si se aprueba podría provocar problemas gravísimos” “Los menores de edad, a sabiendas de la legislación, ante una nalgada del Papá o de la Mamá los pueden denunciar”
Los hijos castigados, humillados, manejados con imposiciones, abusados emocionalmente, no desarrollan una sana autoestima, ni su inteligencia emocional. Los padres necesitamos entender que la indisciplina de los niños es un llamado de atención sobre el problema y la angustia que están viviendo en su hogar. Cuando los padres tienen poco o ningún diálogo con sus hijos, cuando hay agresión e irrespeto en la dinámica familiar producen como resultado un niño conflictuado, agresivo, desobediente.
De adultos estos niños crecen con su niño herido, son adultos con un cuerpo grande pero con un corazón dañado, han crecido en hogares donde la función paterna y materna no se ha cumplido correctamente , tienen una pobre imagen de si mismos, encuentran en la violencia una forma de sobrevivir frente a toda la agresión sufrida.
Si queremos hacer algo para disminuir la violencia intrafamiliar debemos entender que la forma en que educamos a nuestros hijos es de fundamental importancia para permitir un desarrollo sano que, lejos de usar la violencia, se apoye en el respeto a los otros, en el diálogo y en la negociación como método de convivencia.
Este enfoque de la violencia familiar nos lleva a pensar en un plan a largo plazo donde “el desafío es quebrar esta cadena: padres violentos, familia violenta, hijos violentos.”
Por eso insisto, para sanar las próximas generaciones, debemos tener niños más sanos, para luego tener mejores padres, mejores maestros, para iniciar un proceso de evolución que nos permita un camino de convivencia armónica, con menos violencia, con más respeto por el otro. Esto es una responsabilidad social, pero también una responsabilidad individual, cada uno de nosotros debe reflexionar sobre como corregir sus propios errores, como superar sus dificultades personales y familiares para ser parte de una familia más sana, y educar a sus hijos de manera que cada uno pueda:
La sociedad en su conjunto debe encarar el problema atacando los orígenes mismos de estos males: alcoholismo, drogas, violencia en todas sus formas, uso indebido del poder, mal uso de los medios de comunicación, justicia ineficiente, explotación económica, pobreza extrema, todos ellos son generadores de violencia.
A lo largo de muchos años de trabajo e investigación sobre situaciones de crisis he desarrollado una metodología que está enfocada a la sanación de nuestro niño interior. Los resultados alcanzados,con cada uno de los participantes en los “Talleres de Encuentro con Nuestro Niño Interior” muestran cómo se puede descubrir los antecedentes infantiles de nuestras conductas adultas y comprobar que a medida que vamos tomando conciencia de nuestras propias heridas y las causas de las mismas, adquirimos la fuerza para modificar nuestras conductas y la manera de vincularnos con los demás.
El encuentro con nuestro niño interior herido, nos permite además analizar nuestro rol como padres o futuros padres. Nos muestra como seguimos repitiendo conductas que aprendimos de nuestros padres y hoy utilizamos erróneamente con nuestros hijos. Nos fuerza a pensar cómo romper la cadena de la que antes hablábamos: “padres violentos, familia violenta, hijos violentos”.
Vuelvo a manifestar mi apoyo a este importante proyecto que cuenta con acuerdo de la diputada Mayi Antillon, y del presidente del PANI Don Mario Viquez, junto con otros diputados y sus partidos, para que sigan con esfuerzo y convicción la defensa de esta ley.
Educar a la familia crear conciencia de los límites en las conductas humanas es la base para una sociedad sana.
Autora de los libros Pórtate Bien, Encuentro con nuestro niño interior Con este si…con esta no… ¿con quién me caso yo?




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