Hasta junio del año pasado, Manu Chao no había puesto sus reales en las tierras del Tío Sam por un periodo de seis años. Como era de esperarse, la falta de continuidad en lo que respecta a sus visitas y el carácter prácticamente legendario del aludido hicieron que el show del Auditorio Shrine fuera un éxito total en cuestiones de asistencia.
Pero la mala producción del evento, sumada al ánimo insoportablemente represivo de los encargados de seguridad, dejó un sabor agridulce en toda la audiencia.
Esta desazón tiene serias probabilidades de volverse gozo total para quienes asistan este domingo a la tercera fecha de la edición 2007 del Festival Musical de Coachella, en el que el emblemático artista francoespañol ocupará uno de los horarios estelares, justo antes de Rage Against The Machine, una idolatrada banda local que, al igual que Manu, se identifica plenamente con los ideales de la izquierda combativa.
Eso no es todo lo que Chao hará en las inmediaciones de Los Ángeles durante este año, ya que regresará el 2 de junio para ofrecer un concierto propio en Sports Arena. Aunque la generosidad de las presentaciones estadounidenses es francamente sorpresiva, lo cierto es que el cantante, instrumentista y compositor sigue sin tomarse demasiado en serio un mercado que para otros representa la cumbre de sus aspiraciones.
“Pienso que es interesante tocar en todos los países del mundo; a diferencia de muchos grupos de Europa, Estados Unidos no fue nunca una prioridad para nosotros”, explica el artista, que a pesar de ser considerado como solista, habla siempre en plural para representar a su banda, conocida como Radio Bemba Sound System.
“Es posible hacer una carrera internacional sin tener que pasar por este país”, prosigue. “Pero no hemos tardado más en venir aquí que en ir a otros lugares; fueron seis años sin venir a Estados Unidos, y ocurrió lo mismo con los otros países. Si quieres girar por el mundo de manera real, sin llegar a un sitio e irte inmediatamente después de tocar, tienes que pasar un buen tiempo en cada zona”.
Hasta el año pasado, muchos de los seguidores de Manu pensaron que no visitaba este país debido a sus posturas políticas. “Al igual que yo, muchos están preocupados con la política gubernamental de Estados Unidos, que resulta completamente absurda”, detalla él.
“Pero esa es una razón más para venir, porque nos permite conocer desde adentro a la gente activista que está luchando en contra de la locura de la Casa Blanca”, precisa. “Y es que aquí también hay gente que sueña con tener un sistema más equilibrado en el nivel de compartir el planeta con el resto de los seres humanos”.
Tras reconocer que el presidente Bush no es una persona a la que lleve precisamente dentro de su corazón, el cantautor dice que la sensación de rechazo hacia el mandatario estadounidense “es compartida por tres cuartas partes del planeta”.
“En los últimos años, la imagen de Estados Unidos en el mundo se ha ido degradando de una manera impresionante, no por culpa de la gente que vive aquí, sino por la política exterior del gobierno”, enfatiza el entrevistado.
“Es cierto que hay problemas de violencia y de terrorismo en todo el mundo, pero el terrorismo no se puede combatir con más terrorismo, sino con educación, ayudando a los otros países a desarrollarse y a vivir decentemente”, agrega.
“Hay mucha gente que ha sido llevada a un punto tal de desesperación que ha caído en la trampa de la violencia. Si las riquezas del planeta fueran mejor repartidas, no creo que existiría el terrorismo mundial; pero estamos en medio de un engranaje súper peligroso que no tiene cuándo acabar”.
ACTIVISTA POR HERENCIA
El interés de este europeo por las causas sociales tiene que ver con su propia cultura familiar, ya que sus padres —ella vasca, él gallego— fueron refugiados políticos que se instalaron en Francia durante la dictadura de Franco.
“Cada domingo de mi infancia, cuando no tenía aún la edad suficiente como para darme cuenta de todo eso, la casa de mis padres en París se llenaba de [inmigrantes] chilenos, argentinos, brasileños y uruguayos, que se encontraban buscando la vía para un futuro mejor”, rememora el músico.
“Me imagino que todo eso me ha influido, aunque hoy en día hay muchas razones para estar preocupado y muchas luchas a favor de la dignidad humana que merecen ser atendidas”.
Aunque respeta mucho a Fidel Castro, Chao dice estar convencido de que el cambio social no se logrará de un día para el otro, ni será obra de un solo individuo. “Creo en miles y miles de revoluciones que, unidas, produzcan algo positivo para la humanidad”, declara el artista, que ha manifestado muchas veces de manera pública su apoyo al EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) de México.
“El EZLN siempre ha tenido mi apoyo, porque es un ejemplo de actitud; le abrió a muchos los ojos sobre temas de los que hablamos abiertamente ahora, como la globalización y las consecuencias del neoliberalismo”, dice Chao. “Es un mensaje que tenemos muy asimilado, pero que a mí me llegó por primera vez a través de ellos”.
El artista reconoce que el movimiento zapatista tuvo momentos difíciles, pero sigue creyendo en él con el mismo entusiasmo que hace 10 años, aún cuando se presentan en México sucesos que hacen temer por la seguridad de los implicados en la lucha.
“Yo no estuve en [San Salvador] Atenco, pero vivo en Barcelona y conozco a varias chicas de allá que trabajaban con la comunidad [mexicana] y que estuvieron a punto de ser violadas”, comenta el entrevistado, recordando lo ocurrido durante el año pasado. “Hubo una represión superbrava”.
LOS DISCOS DE CHAO
Los dos primeros discos de Manu Chao, Clandestino (1998) y Próxima estación: esperanza (2001) —realizados tras la separación de la aclamada banda de fusión Mano Negra, en la que él militaba—, dejaron una huella profunda entre los círculos musicales progresistas de Latinoamérica.
El hecho de que la mayor parte de sus letras fueran en español tuvo mucho que ver con el masivo nivel de aceptación, a diferencia de lo que ocurrió con la más reciente producción de Chao, Sibérie m’était contéee (2004), que fue hecha completamente en francés y no se distribuyó en las naciones hispanohablantes.
“Es que eso no fue realmente un disco, sino que formaba parte de un libro de edición limitada que se distribuyó únicamente en Francia y que llevaba un pequeño CD de regalo”, explica el músico. “Es algo que hice con un compadre polaco que se llama Jacek Wozniak, y los textos fueron en ese idioma porque él los escogió”.
En otras palabras, Próxima estación: esperanza es realmente el más reciente trabajo inédito de Chao —el siguiente disco, Radio Bemba Sound System (2002), fue registrado en vivo—, quien después de eso se ha dedicado a producir y colaborar en los álbumes de artistas como Amadou & Mariam (un popular dúo africano de invidentes) y varios representantes del novedoso movimiento hip-hopero de Mali.
“En medio de todo eso, me he retrasado con mis propios discos”, dice el cantante con una sonrisa. “Pero tengo dos álbumes ya grabados: el primero [que debe ver la luz en las próximas semanas] sería el sucesor de Próxima estación, con una mezcla de varios idiomas y una aproximación probablemente más rockera”.
Chao habla incluso de un tercer disco que, aunque no está grabado, tiene supuestamente canciones definidas, las mismas que son interpretadas con frecuencia en las cantinas de Barcelona.
“Ese se orientará más hacia la rumba y tiene ya un título: Lo peor de la rumba, Volumen I”, adelanta. “Hay también otro proyecto: un disco en ‘portuñol’ [mezcla de portugués y español] que llevará canciones escritas en Brasil, porque he pasado mucho tiempo por allá”.
Al preguntársele por las razones de tan severo retraso en el lanzamiento de material nuevo y por el curioso deseo de trabajar en varios proyectos personales a la vez, Chao afirma que empezar a grabar una canción es muy fácil, pero que acabarla, mezclarla y pulirla es sumamente pesado. “Me cuesta mucho más terminar un disco que iniciarlo”, se defiende.
En todo caso, más allá de sus coqueteos con diferentes idiomas y géneros, es sabido que las presentaciones de Chao con Radio Bemba son esencialmente eléctricas y rockeras. El conjunto ha incluido en varias de sus presentaciones a Fermín Muguruza (quien se presentará en Knitting Factory el 15 de mayo por cuenta propia), un legendario músico vasco que se ha encontrado siempre en la “lista negra” de la derecha europea.
“Hubo problemas con el Estado español durante el gobierno de [José María] Aznar, porque estaba de moda que cualquiera que no pensara como él —igual que el señor Bush o el señor Blair— fuera inmediatamente acusado de terrorismo o de hacer apología del terrorismo”, proclama Chao.
“Eso también nos tocó a nosotros, porque se cancelaron algunos shows”, recuerda. “Fue una época en la que España cayó en una especie de mccarthysmo, algo parecido a lo que se dio en Italia durante la época de [Silvio] Berlusconi, cuando era peligroso para nosotros tocar por allá, porque eramos enemigos declarados del gobierno”.
El entrevistado dice que cuando se acercaba el momento de sus presentaciones italianas, la prensa anunciaba “la llegada de los bárbaros” y los comerciantes cerraban las tiendas.
“Llegamos a tener casos bastante curiosos; pero después ocurría todo lo contrario, porque la gente que iba a vernos era siempre superdecente, y le demostraba a los que tenían miedo que no hay que creerle tanto a los medios de comunicación”, precisa el músico. “Llevo 20 años en este oficio y nunca se ha dado un problema de violencia en uno de mis conciertos”.
Sólo faltaría saber si Manu Chao tiene alguna preocupación por su seguridad en un país como éste, cuyo gobierno se encuentra en una línea tan opuesta a la que él defiende, y cuya prensa ha actuado en ocasiones como sus pares italianos, ya que el año pasado un diario de San Diego lo catalogó en su primera plana como “el enemigo número uno de Bush”.
“No tengo miedo, porque tengo 45 años; la vida me ha dado mucho y, como dice [el escritor uruguayo Eduardo] Galeano en uno de sus libros, lo que venga será propina”, concluye el talentoso cantautor.
Fuente: La Vibra, Los Angeles, EE.UU.




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