Me encanta como escribe Luis Buero.
Acá un postrecito para compartir.
Antiguamente un hombre y una mujer se ponían de novios, aprendían sus nombres y gustos de memoria, y luego del encuentro de las almas llegaba el de los cuerpos, para completarlo todo. El lenguaje de los vínculos afectivos acudía a vocablos propios de la poesía, la sacralización y el mito.
Por ser una construcción cultural, la palabra amor adquirió distintos significados. Para los griegos era el deseo de lo bello, luego el cristianismo lo asemeja al altruismo y a la misericordia divina, más tarde estará unido a la idea de la búsqueda de la felicidad, y finalmente será emparentado con la imagen de una investidura de objeto por parte de las pulsiones sexuales, al decir freudiano, en una época en la que la palabra “Light” tenía un único significado en el diccionario.
Pero ahora que la figura del pensador de Rodín ha sido reemplazada por la de alguna modelo top, las conversaciones en general y las amorosas en particular no podían quedar afuera del imperio de lo efímero, y por lo tanto cuentan con un vocabulario distinto, lleno de eufemismos.
Ya relativizado todo sistema de valores, los encuentros de las personas no tienen nombre. Salen por primera vez, disfrutan del sexo, y no saben si van a volver a verse,…. por ahí sí, entonces quizás, puede ser, no sé, el fin de semana que viene, te llamo,…. pero nada está planeado de antemano, ni charlado, ni propuesto.
¿Qué son? ¿Pareja? ¡ Ni loco!, te contestan, no sabemos, dicen, y por ahí no les interesa descubrirlo tampoco. Quizás siguen viéndose, si cuadra, pero del otro/a solo conocen el número de celular, tal vez no tienen idea ni dónde vive o trabaja y siguen durmiendo juntos en hoteles, los fines de semana. Como la onda es la de la disipación-relajación-divertimento, el discurso cotidiano se banaliza y se llena de metáforas, porque no tiene nuevos símbolos para expresar lo innombrable. Pero no es que los amantes hayan caído en un analfabetismo crítico y creativo, simplemente ocurre que el idioma de lo trivial no nombra al Ser ni funda sus vínculos, es un simple utensilio comunicador que sirve para informar que en el fondo nunca pasa nada.
Entonces el “no te quiero lastimar” se puede traducir como un “te doy y me voy”, y el fulano que sufre de un exagerado egocentrismo infantil es citado como un tipo “no invasivo”, y entonces perdonarle que te haya usado es “experimentar la tolerancia”.
Considero que la hombría biodegradable actual es la principal creadora de este léxico free para amores diet en ámbitos de la conducta donde un varón tiene que remar como loco para seducir a una joven que tanto le quema la cabeza (solo por hoy), esa chica que nunca llegará a “sacarle la ficha”, a saber del todo con quien acaba de acostarse.
En síntesis, son victimas y victimarios de un simulacro social que genera un idioma propio, con la ilusión de disimular esa desaforada angustia que estalla al cerrar los ojos.
Argentina



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