Texto de Nicole Dumont, que había prometido hace días compartir por aquí, es de su libro: Espejos.
Ediciones Obelisco
Colección Nueva Conciencia.
No me canso de recomendar esta obra. Yo la compré en la Librería Internacional de Multiplaza de Escazú, en San José.
Julia
“Mientras que, en algunos casos, esta afirmación resulta muy fácil de asimilar, en otros es mucho menos evidente. No es difícil adivinar si un niño se queja porque tiene dolor de barriga, es porque utiliza esta expresión para dar a entender que está viviendo algo que le produce malestar. Entonces diremos que es psicosomático. Es muy interesante observar que el dolor de barriga, algo tan común entre los niños, se corresponde perfectamente a la expresión adulta: “se me remueven las tripas”. El niño, al no estar todavía contaminado por las restricciones emocionales del mundo de los adultos, experimenta una gran parte de sus indisposiciones a nivel del centro del instinto ( el vientre, las tripas), demostrando por A + B el vínculo entre los universos físico y psíquico. Lo mismo sucede cuando hablamos de las úlceras de estómago, cuya causa emocional está admitida desde hace mucho tiempo por la medicina tradicional. ¿ Pero, qué podemos decir con respecto a la propagación de los microbios, a las enfermedades contagiosas o a los problemas hereditarios?
Las leyes del Universo sobrepasan nuestro entendimiento y no sólo se aplican a una de cada dos o tres veces; son inmutables. Aunque una persona no crea en la ley de la gravedad, no por ello se hará menos daño si se cae desde un décimo piso. (…)
Aquí no se trata de negar el hecho de que, por ejemplo, algunas enfermedades puedan ser contagiosas ( volveré a referirme a ellas más adelante). Mi objetivo es suscitar una reflexión dentro del marco de esta obra que lo único que pretende es dar un nuevo enfoque a las distintas formas de utilizar el espejo, como instrumento a nuestro alcance.
El título del capítulo “El cuerpo tiene sus razones”, nos hace suponer que el cuerpo sabe cómo ser el cuerpo, con su propio control interno, su lógica y su sistema de seguridad.
Cuando todo va bien, no oímos hablar de él más que para sus necesidades esenciales. Pero en cuanto las cosas no van como tendrían que ir, al principio, la máquina nos da unas pequeñas señales, cuyas proporciones irán aumentando conforme éstas vayan siendo ignoradas. “Ignoradas” nos remite a “ignorancia”. Actuamos por ignorancia. Los actuales valores sociales(…) transmiten el culto de la ignorancia con respecto a los distintos síntimos físicos. Nos venden de todo para anestesiar el mal; nos ofrecen una medicina de síntomas, es decir, nos sugieren que nos limitemos a aliviarlos como si éstos no hubieses salido de ningún sitio y no hubiesen sido causados por nada.
Hacemos de todo para no sentir el cuerpo.
Es como si desconectásemos el detector de humos porque hace mucho ruido, sin preocuparnos de verificar por qué se ha estropeado; es como poner un cubo debajo del techo cuando llueve, sin que se nos ocurra arreglar las goteras.
Los diferentes síntomas físicos, al igual que las emociones, nos remiten a nuestra realidad interior. Por regla general, una persona que exprese directamente sus emociones estará mucho menos inclinada a padecer cualquier tipo de indisposición que otra que tienda a racionalizar y a bloquear sus emociones. Nuestra realidad nace de nuestros pensamientos.




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