
La noticia nos llena de dolor. A ticos y a nicas. A todos, a todas, a ambos lados del río.
¿ Cuántos nicas han matado ticos? ¿ cuántos ticos han matado nicas?
¿ Nos vamos a poner a contarlos para ver quién es más malo?
¿ cuántos ticos han matado a turistas gringos?
Se trata de la nacionalidad del asesino o del dolor de las víctimas y sus familias?
¿ Nos alegra la noticia porque deseamos que los nicas “queden mal” o nos duele precisamente porque cosas como estas alimentan las voces del odio y la venganza?
¿ Nos duele la noticia de verdad? ¿ Nos importan esos policías humildes y sus familias de verdad?
¿ Nos importa cualquier muerte de alguien inocente? ¿ Nos importan las lágrimas de sus madres y padres, de sus hijos e hijas?
¿ Nos importa realmente la vida?
El mal, todo mal, se detienen con amor.
Lo contrario del amor es el miedo, y del miedo sale la intolerancia, el irrespeto, la grosería, la agresión y el odio.
Quien odia se odia a sí mismo.
Todos y todas tenemos una fuente inagotable de amor en nuestro corazón.
Hagamos acopio de ella, más que nada en los momentos duros.
Hermanos policías ticos asesinados salvajemente: Uds. son nuestros hermanos!!
Hermano delincuente nica. Ojalá asumás la consecuencia de tus equivocados actos y que el castigo que recibás te sirva para darte cuenta que no se puede andar por el mundo haciendo daño a nadie. Hermano delincuente nica: sos mi hermano!! y lo que hiciste merece justicia.
Ojalá algún día no ocurran estas cosas, y como hermanos, todos y todas: al fin: nos podamos abrazar.


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