Ministro saliente de Cultura: Guido Sáenz.
Foto por Julia Ardón
En algunos blogs como el Fusil de Chispas de Cristian Cambronero, se ha encendido un chispazo como señal de alarma de algo que debería inquietarnos muchísimo a todos los que de un modo u otro disfrutamos o nos ocupamos y preocupamos por la cultura en este país. Me refiero al anuncio de que el nuevo gobierno tiene un plan para traspasar la casa presidencial al CENAC. Este sitio se ha convertido en una referencia obligada para artistas y público y sería una verdadera pérdida cederlo a las huestes burocráticas de la presidencia. Aunque actualmente también funciona ahí el Ministerio de Cultura, al menos existe coherencia temática dentro del antiguo cuartel de la cultura del guaro. El CENAC es un sitio maravilloso que debería reforzarse aún más como santuario para una cultura más noble, independientemente de que la Aduana se concretice o no. No es uno por otro, todo lo contrario, ambos sitios deberían configurar, en el futuro, un circuito que exprese la vitalidad e importancia de las artes y la cultura en Costa Rica.
El argumento de reagrupar a las principales sedes de gobierno (Asamblea Legislativa, Tribunales, Ministerio de Relaciones Exteriores, Casa Presidencial, etc) en pleno corazón de la capital, aunque válido, se desvirtúa si es a costas de los espacios culturales ganados tras muchos esfuerzos. Tal como está, la propuesta de traslado deja de manifiesto la poca importancia y hasta el desprecio que existe por el tema cultural. Mantener al CENAC dentro de ese centro de poderes sería, por el contrario, altamente simbólico y positivo.
Verdaderamente no entiendo porqué Guido Sáenz se ha plegado tan fácilmente a esa iniciativa. ¿Es su actitud producto de una lasitud? ¿De una impotencia de fin de reino? ¿O producto de algún tipo de negociación a cambio de obtener un apoyo para la Aduana? (No olvidar que el actual ministro siempre fue verdiblanco y que su iniciativa aduanera ha encontrado opositores).
Creo necesario que las personas y los grupos que somos sensibles a este tema nos organicemos y redactemos un manifiesto abogando por la defensa del CENAC como un sitio dedicado a la cultura. Una vez recopilada una cantidad importante de firmas que lo sustenten, deberíamos enviarlo sin tardanza a las nuevas autoridades. Este, en mi opinión, sería el primer paso de una estrategia de defensa a definir más ampliamente si no se nos escucha.
Nota adicional:
FRAGMENTOS DE UNA CONVERSACIÓN
Hay situaciones que uno no deja de preguntarse cómo llegan a suceder, escenas casi surrealistas que sorprenden por sus implicaciones. Tal la que vivimos ayer mientras haciamos fila para entrar a ver cierta obra de teatro. Ahí estabamos muy orondos cuando empezamos a escuchar una conversación a nuestras espaldas que decía más o menos así:
Hombre
(voz de hombre maduro)
-Viste a esos artístas protestando porque les van a quitar la antigua fábrica de licores… ¿Cómo es que se llama ahora?
Mujer
-El CENAC
Hombre
¡Qué absurdo!… Si el poder es el que manda… Vamos a tener que revisar la conductas de esos artistillas que siempre andan protestando por todo y que dicen que se van a manifestar.
Mujer
…
Hombre
Deberías pedirle un tiquete a XX para no tener que hacer esta fila.
Mujer
Es que a XX no le gustan esas cosas.
Hombre
Pero si vos sos la jefe.
Mujer
Noo, yo no soy la jefe, los jefes somos todos los de la Junta Directiva.
Sin comentarios. Y como somos muy pacifistas no quisimos ni volver a ver para atrás, porque de otro modo aquella noche cultural y romántica seguramente hubiera terminado en batalla campal con unos desconocidos y la verdad no estabamos de ánimo para eso. Sin embargo, si la actitud de esta gente no demuestra el desprecio que existe hacia la cultura, no vemos qué lo pueda demostrar. Lo más paradójico es que se da, literalmente, en las filas de la mismos que disfrutan (?) de esa cultura y que para colmo son personajes visiblemente influyentes. En fin, es una anéctoda, pero fue suficiente para hacernos entender con crudeza, que hay quienes ven a los artistas como saltimbanquis que los sacan de la monotonía de sus vidas, pero que no están dispuestos a reconocerlos como personas que los enriquecen humanamente ayudándolos a crecer y mucho menos a aceptar sus reinvindicaciones, como si tales reinvindicaciones no fueran también en su beneficio.
Eugenio García e Inés Gutiérrez




¿QUÉ HACER AHORA?