
Por Elisabeth Kübler Ross, en su autobiografía: La Rueda de la Vida
“Durante años me ha perseguido la mala reputación.
La verdad es que me han acosado personas que me consideran la Señora de la Muerte y del Morir.
Creen que el haber dedicado más de tres decenios a investigar la muerte y la vida después de la
muerte me convierte en experta en el tema. Yo creo que se equivocan.
La única realidad incontrovertible de mi trabajo es la importancia de la vida.
Siempre digo que la muerte puede ser una de las más grandiosas experiencias de la vida. Si se
vive bien cada día, entonces no hay nada que temer.
Tal vez éste, que sin duda será mi último libro, aclare esta idea. Es posible que plantee nuevas
preguntas e incluso proporcione las respuestas.
Desde donde estoy sentada en estos momentos, en la sala de estar llena de flores de mi casa
en Scottsdale (Arizona), contemplo mis 70 años de vida y los considero extraordinarios. Cuando era
niña, en Suiza, jamás, ni en mis sueños más locos ˜y eran realmente muy locos˜, habría
pronosticado que llegaría a ser la famosa autora de Sobre la muerte y los moribundos, una obra cuya
exploración del último tránsito de la vida me situó en el centro de una polémica médica y teológica.
Jamás me habría imaginado que después me pasaría el resto de la vida explicando que la muerte no
existe.
Según la idea de mis padres, yo tendría que haber sido una simpática y devota ama de casa
suiza. Pero acabé siendo una tozuda psiquiatra, escritora y conferenciante del suroeste de Estados
Unidos, que se comunica con espíritus de un mundo que creo es mucho más acogedor, amable y
perfecto que el nuestro. Creo que la medicina moderna se ha convertido en una especie de profeta
que ofrece una vida sin dolor. Eso es una tontería. Lo único que a mi juicio sana verdaderamente es
el amor incondicional.
Algunas de mis opiniones son muy poco ortodoxas. Por ejemplo, durante los últimos años he
sufrido vanas embolias, entre ellas una de poca importancia justo después de la Navidad de 1996.
Mis médicos me aconsejaron, y después me suplicaron, que dejara el tabaco, el café y los
chocolates. Pero yo continúo dándome esos pequeños gustos. ¿Por qué no? Es mi vida.
Así es como siempre he vivido. Si soy tozuda e independiente, si estoy apegada a mis
costumbres, si estoy un poco desequilibrada, ¿qué más da? Así soy yo.”



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